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miércoles, 21 de abril de 2010

PROYECTO CUADRO "desnudo + X de M.C. Escher + formato"

René Magritte, La trahison des images, 1929
  • PROYECTO CUADRO "desnudo + X de M.C. Escher + formato"
Como se ha explicado ya, el objetivo de este trabajo, que es común para todos, es doble:
En primer lugar: servir como ejemplo metodológico a la hora de diseñar un Proyecto personal de creación artística críticamente fundamentado.
En segundo lugar: de paso, y puesto que se trata de hacer un cuadro, refrescar las cuestiones y recursos básicos más fundamentales que intervienen en el diseño y en la realización de un cuadro.
Respecto de la “Fundamentación crítica (o «Poética»)” de un proyecto de creación artística, la metodología que se ha propuesto se articula como desarrollo de una serie de cuestiones. En la entrada de este blog: PROYECTO_tirando a dar (4/4) / “tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo” (4/4) , se exponían así:
1. ¿Qué es el Arte? Hemos visto que el Arte es un “juego social”. Teoría Institucional del Arte — esta teoría asume y explica todas las demás, será la que tomemos como referencia. Así que la respuesta a esta pregunta es “Arte es X”, siendo “X” eso que ya todos sabéis.
2. Si el Arte es X, ¿en qué consiste hacer X?
3. Si hacer Arte consiste en hacer X, ¿cómo me planteo yo hacer X — qué en concreto es lo que yo quiero hacer? → objetivo del proyecto
4. PROYECTO (una vez definido el objetivo del proyecto, pasamos al diseño del Proyecto propiamente dicho)
4. a. Objetivo del Proyecto
4. b. Planificación de la realización del Proyecto
4.b.a. Recursos necesarios
4.b.b. habilidades
4.b.c. materiales
4.b.d. técnicas
4.b.e. etc.
4.c. Proceso de realización
4.c.a. Temporización
5. Presupuesto
6. Presentación del Proyecto (más Abstract en 400 palabras — ver esquema)
Esquema Abstract del Proyecto
TÍTULO
Objetivos del Proyecto
Palabras clave (hasta 5)
Encuadramiento teórico (marco de referencia)
Metodología
Resultados
_____________________
A continuación paso a desarrollar las cuestiones anteriores, puestas en relación con el trabajo PROYECTO CUADRO “desnudo + X de M.C. Escher + formato”
1. ¿Qué es el Arte?
1.1. Preámbulo
Hemos visto que el Arte es un “juego social”, y no ignoramos que, como todo juego, el Arte es una actividad que se practica voluntariamente, que está situada al margen de las actividades ordinarias (no lúdicas) que las personas se ven en la necesidad de tener que efectuar de una forma forzosa (interesada), y que el juego del Arte, lo mismo que el resto de los juegos, está sometido a reglas: el Arte debe socializarse de cierto modo.
Hemos asumido que la única respuesta a la pregunta ¿qué es [el] Arte? que resulta satisfactoria en términos científicos (porque no exige creer en ella, porque describe bien todo el mundo del arte, y porque da cuenta (o cobertura) de forma razonable (que se entiende y que admite ser racionalmente criticada) a todas las cosas conocidas de las cuales se dice que son “obras de Arte”, es la respuesta ofrecida en el marco de la Teoría Institucional del Arte — que tiene la virtud de poder asumir y explicar todas las demás (las teorías esencialistas del Arte). De forma que la propuesta de noción de Arte que se expone a continuación se sabe enmarcada en el seno del horizonte comprensivo postulado por la Teoría insitucional del Arte, y hace suya (¿podría ser de otra forma?) la respuesta que contesta la pregunta ¿Qué es [el] Arte? afirmando que “Arte es todo aquello que se usa como tal”.
Asumimos, por tanto, que el Arte es una práctica social (no es algo “natural”) orientada a la ejercitación de la contemplación, la apreciación y la valoración estéticas (con vistas a conseguir la educación del buen gusto que permita la elevación espiritual [moral] del género humano).
Aceptamos, por tanto, que, puesto que cualquier objeto es susceptible de ser usado para ejercitar la contemplación, la apreciación y la valoración estéticas, cualquier objeto puede servir [ = prestarnos servicio] como “[obra de] Arte”); incluso un urinario, etc.; aunque también, no lo olvidemos, la "Sagrada custodia" de la catedral de Toledo, un salero (como el que Bevenuto Cellini realizó para el rey Francisco I de Francia, y se conserva en el Kunsthistorisches Museum de Viena), un objeto destinado al culto religioso (como las crucifixiones realizadas para ser usadas como objetos litúrgicos que hoy se exhiben en los Museos de Arte), etc.
Y, como aceptamos lo anterior, y sabemos que la entidad artística de los objetos que reconocemos como "obras de Arte" no se fundamenta en una "propiedad" de dichos objetos, ni tampoco en el hecho de que hayan sido concebidos y realizados como tales "obras de Arte" (ningún objeto producido antes del siglo XVIII pudo ser concebido como una "obra de Arte"), sino que resulta de una atribución (lo mismo que el valor o el significado que le atribuimos a las cosas), damos por supuesto que aquellos objetos que resulten de la realización del proyecto que aquí se propone serán "obras de Arte" (serán Arte, por tanto) siempre que se socialicen como tales "obras de Arte". (Otra cosa es el grado de relevancia que alcancen como tales "obras de Arte", tanto en el restringido ámbito del mundo del arte, como en el más amplio panorama de la sociedad en general.)
1.2. Definición propuesta de Arte

El Arte es el ámbito social creado en torno a la producción y a la experimentación y la apreciación de objetos que no son como las cosas normales y corrientes a las que estamos habituados, sino que tienen la extraordinaria virtud de provocar, en quien los mira, un tipo peculiar de afecto: truncan el concierto entre lo que sabemos acerca de dichas cosas y lo que sentimos al verlas, planteándoles un desafío personal que resulta fascinate. (El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en lo sucesivo D.R.A.L.E., nos hace saber que la palabra "desafiar" deriva de "des+afiar", indicándonos también que el significado de la palabra "afiar" ["a+fiar", del latín fidāre, por fidĕre (del latín fides)], actualmente en desuso, es el siguiente: "dar a alguien fe o palabra de seguridad de no hacerle daño". El término "desafiar", por tanto, está relacionado con el reto que nos una pérdida de la fe [del latín fides], es decir, con el reto que nos plantea la pérdida de la confianza en el crédito concedido a alguien o algo en lo relativo a que no va a hacernos daño, una pérdida, por tanto, que hace que nos sintamos inseguros.)
De forma que, según la noción de Arte definida para este proyecto:
Arte es el ámbito en el que nos entregamos a la experiencia del "asco", entendiendo por asco esa afección cognitivo-emocional que el filósofo José Ortega y Gasset especifica en La deshumanación del arte, remitiéndose a la referencia a la experiencia de la afección del asco (die Ekel) que, según el filósofo Immanuel Kant, es suscitada por la imagen (representación mental) que nos provoca la visión de ciertas representaciones que tienen la virtud de hacernos reaccionar ante su presencia de un modo análogo a como lo haríamos ante eso que aparece representado en ellas (es decir, que, de alguna manera, nos hacen con-fundir la representación con lo representado en el plano de lo emocional, aunque no en el plano de lo cognitivo) (Vid. Kant, I.; §48, Crítica del juicio. Introducción y traducción de Kritik der Urteilskraft (1790) realizadas por M. García Morente. Espasa Calpe, Madrid 1991 (1977)).
Como es sabido, tanto para Kant como para su mentor Ortega y Gasset y para todos los representantes de la ortodoxia estética, aquello que suscita la experiencia del "asco" (e impide, por tanto, la contemplación estética) no puede ser admitido en el ámbito del Arte. Esto es lo que dice Ortega y Gasset del asco:
Ante las figuras de cera todos hemos sentido una peculiar desazón. Proviene ésta del equívoco urgente que en ellas habita y nos impide adoptar en su presencia una actitud clara y estable. Cuando las sentimos como seres vivos nos burlan descubriendo [con el concurso de nuestro conocimiento] su cadavérico secreto de muñecos, y si las vemos como ficciones parecen palpitar irritadas. No hay manera de reducirlas a meros objetos. Al mirarlas, nos azora sospechar que son ellas quienes nos están mirando a nosotros. Y concluimos por sentir asco hacia aquella especie de cadáveres alquilados.
ORTEGA Y GASSET, J.; “La deshumanización del arte” (1925), en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética. Alianza, Madrid 1987; pág. 33.
Como vemos, a Ortega y Gasset (lo mismo que a Kant y a toda la tradición estética) le importa mucho que el "sujeto" que se enfrenta a esos "objetos" de los que habla pierda el control de la situación, que no sea él el elemento dominante en la relación que establece con dichos objetos, que no pueda "reducirlas a meros objetos". Que, en vez de ser él quien despliega su dominio, sometiendo dichos objetos al per-juicio que infringe el hecho de someterlas a un juicio estético, se vea en la tesitura de tener que reconocer su impotencia frente al poder irreductible (no reducible) de tales objetos. A Ortega y Gasset le incomoda que con estos objetos no pueda establecer la relación unidireccional que se mantiene con el resto de las cosas, esa que va del "sujeto activo" que las mira al "objeto pasivo" que es mirado. En este caso, la relación no es la ejercida por una persona / sujeto activo sobre una cosa / objeto pasivo, sino una relación de naturaleza inter-activa: la "cosa / objeto" actúa también sobre la "persona / sujeto": haciendo que le pasen cosas, provocándole efectos/afectos que no puede dominar.
Estatua de cera que puede ilustrar cómo ciertas "cosas / objeto" pueden (tienen el poder de) actuar sobre nosotros suscitando respuestas análogas a las que nos provocan no las cosas sino las personas, no los objetos sino los sujetos

Por cierto, el fundamento del prestigio del Arte en nuestra cultura, que no podría ser explicado a partir de las "obras de Arte" que Ortega y Gasset consideraría modélicas como tales, sí admite ser claramente explicado (y justificado) a partir de objetos que suscitan "asco" como las estatuas de cera y las representaciones que la tradición estética del Arte descarta que puedan incluirse en el seno de las "obras de Arte". El viejo mito de Pigmalión, sobre el que volveremos más adelante, ilumina bien que el ancestral respecto tributado a las esculturas y a las pinturas tiene su fundamento en el "asco" repudiado por la ortodoxia estética del Arte.

ilustración medieval del mito de Pigmaliónl
Cuando vemos las imágenes, no como representaciones (no como objetos que nos hacen pensar en algo distinto de ellos mismos, retirando nuestra atención de eso que tenemos delante), sino como presencias físicas que nos hacen reaccionar a lo que vemos (a eso que tenemos delante), entonces estamos en situación de poder experimentar la vivencia del "asco". Esto es algo que no pasa con representaciones como la siguiente:


dibujo de un aficionado

2. Si el Arte es X, ¿en qué consiste hacer X?

2.1. Considerando lo dicho, hacer Arte consistiría en hacer cosas capaces de efectuar la acción siguiente:
La función del dispositivo "cuadro" es hacer sentir a quien lo mira el "efecto" de un afecto des-concertado respecto de lo que sabe: lo que la persona que lo mira sabe y lo que siente no coinciden: sabe que lo que está viendo es una cosa inerte, aunque siente que eso que está vieno actúa sobre ella. Lo que sabe y lo que siente no co-inciden, no está concertado.
Un cuadro no es un objeto como el resto de los que pueblan el entorno al que estamos habituados. No es una cosa más que aparece en nuestro hábitat. Debe percibirse como una cosa extra-ordinaria.
Un cuadro es un dispositivo visual diseñado para que, al ser mirado, su propia presencia física genere en quien lo ve una imagen [mental], es decir, una “experiencia imaginaria” de cierto tipo: dejar prendado al espectador de su presencia = fascinarlo.
Asumiremos que, del mismo modo que un reloj será tanto mejor cuanto mejor dé la hora, un cuadro será tanto mejor cuanto mayor sea la potencia de esa “experiencia imaginaria de cierto tipo” generada por su presencia.

2.2. El “arte” de pintar Pintura
Solemos distinguir entre las cosas que son generadas por otras semejantes, como el conjunto de las cosas que integran eso que llamamos Naturaleza (incluidos nosotros mismos), y las cosas que únicamente son producidas por las personas.
Igual que la palabra “natura” (sinónimo de “naturaleza”), el término “naturaleza” proviene del vocablo latino natūra, que puede traducirse como “el curso de las cosas”, “disposición innata” o “carácter natural” de una cosa, “cosa nacida” (de natus, “nacido”, participio pasado nasci, “haber sido engendrado”), etc. Natūra es el término latino equivalente a la palabra griega φύσις (physis), que en su significado original hacía referencia a la forma en la que crecen los seres vivos. La primera acepción del término “naturaleza” que nos ofrece el D.R.A.L.E. es: “f. Principio generador del desarrollo armónico y la plenitud de cada ser, en cuanto tal ser, siguiendo su propia e independiente evolución” (teniendo esto en cuenta, quizás no resulte tan sorprendente que la nos ofrece en sexto lugar sea la siguiente: “[f.] . Especialmente en las hembras, sexo.”)
Para aludir a la capacidad [re-]productiva de la Naturaleza, durante la Edad Media se acuñó la expresión Natura naturans, expresión latina que podría traducirse como “naturaleza natureando” o, en una traducción menos extravagante, “la naturaleza haciendo lo que es natural que haga: eso que es propio de ella”. También se acuñó la expresión natura naturata, que carece del sentido activo de la anterior, ya que, en vez de aludir a la facultad productiva y regenerativa de la Naturaleza, refiere las cosas que son el producto resultante de dicha facultad.
Además, se distinguía entre los productos generados por la Naturaleza (natura naturata), es decir, las cosas “naturales” (del latín naturālis), y las cosas producidas por el arte de las personas, o sea, los productos “artificiales” (del latín artificiālis). Como es sabido, los Museos, tal como nosotros los concebimos (de Ciencias, de Arte, etc.), tienen su origen —a partir de finales del s. XVIII— en el desarrollo y la segregación —con vistas a la sistematización y a la especialización— de los antiguos tesoros y las más recientes “cámaras de maravillas”. Cuando los coleccionistas ilustrados empezaron a clasificar las contenidos de sus colecciones, tendieron a dividirlos en dos secciones básicas: “naturalia” y “artificilia”. (A su vez, la primera podía subdividirse en: animalia, vegetalia y mineralia; y, la segunda, con el correr del tiempo en: relicarios, pinacotecas, gliptotecas, etc. [Cuartos de maravillas, Cabinet of curiosities, Wunderkammer, etc.]
Así pues, el ser humano genera productos “naturales” tales como las veredas que van quedando marcadas en el suelo por su tránsito, el sudor, otros seres humanos, etc.; y, además, produce también artefactos, es decir, cosas cuya producción requiere de cierto tipo de conocimiento y habilidad: de “arte”. Los primeros puede hacerlos de forma innata, pero para hacer los segundos necesita haber aprendido a hacerlo. Establecer cuáles de las cosas que pueden hacer las personas dependen de la naturaleza, es decir, son “innatas” (nacemos sabiendo hacerlas, las hacemos por naturaleza), y cuáles son fruto del aprendizaje: las adquirimos aprendiéndolas de la sociedad en la que crecemos (las hacemos por convención), es el objeto de la vieja y siempre activa controversia que se expresa mediante la fórmula nature versus nurture (innato vs. adquirido).
Todas las cosas que hacen las personas recurriendo a un arte (poesías, fuego, navegar, boquerones en vinagre, cazar, cultivar la tierra, contar chistes, jugar a policías y ladrones, etc., y también cosas como la reguladas por el ars belli, el ars amandi, el ars magica e, incluso, el ars gratia artis [“arte por el arte”], cuya fórmula aparece en el círculo que enmarca la cabeza del león rugiente que aparece en el logotipo de la Metro-Goldwyn-Mayer), están orientadas al logro de un fin, es decir, sirven para algo.
Todas las cosas que las personas hacen con el concurso de un arte persiguen una utilidad. Además, algunas están orientadas no a obtención o la producción de “bienes”, sino a la producción de instrumentos (“útiles”, “herramientas”) que permiten la obtención o la producción de bienes. Respecto de estas cosas cabe decir que son tanto mejores cuanto mejor hacen eso a lo que están destinadas. Los relojes, por ejemplo, son tanto más mejores cuanto mayor es la precisión con la que indican el paso del tiempo, ya que llamamos “reloj” al artefactos hecho para que nos indique de forma pautada el discurrir del tiempo.
También las “obras de Arte” son artefactos —“útiles”— producidos con un propósito y, por tanto, producidos con vistas al logro de un fin.
2.2.a. Cuadros destinados a actuar como trampas, y no a ser leídos. Aquí vamos a asumir que, como se ha dicho antes, un cuadro es un dispositivo que ha sido diseñado para que, al ser mirado, su propia presencia física genere en quien lo ve una imagen [mental], es decir, una “experiencia imaginaria” de cierto tipo [en seguida vuelvo sobre esto: apartado “imagen; imaginación”]. Asumiremos que, del mismo modo que un reloj será tanto mejor cuanto mejor dé la hora, un cuadro será tanto mejor cuanto mayor sea la potencia de esa “experiencia imaginaria de cierto tipo” generada por su presencia. Aceptaremos, por tanto, que un cuadro es un “útil”, que un cuadro es una “herramienta” cuyo diseño y cuya producción están al servicio de una finalidad, y cuyo sentido (el sentido de este “útil”, de esta “herramienta”) está en la función —en la misión— a la que está destinado: provocar en quien lo mira una “experiencia imaginaria” de cierto tipo.
Aceptaremos la relación funcional —de “útil”— de la Pintura con eso que David Freedberg, refiriéndose al ámbito más amplio de las imágenes en general, denominó “the power of images” (Freedberg, D.; El poder de las imágenes. Estudios sobre la historia y la teoría de la respuesta. Traducción al español de The Power of Images (Chicago, 1989) realizada por Purificación Jiménez y Jerónima Gª. Bonafé, Cátedra, Madrid, 1992).
Asumiremos, así mismo, que la Pintura no es una modalidad icónica de Literatura y, por tanto, que un cuadro no es un “objeto de lectura”, es decir, algo que se “lee”.
Asumiremos, por tanto, que un cuadro no es algo cuya presencia —o lo que es lo mismo: el acontecimiento de la imagen [mental]/percepto que nos ocurre al mirar el cuadro, “eso” que el cuadro nos hace ver cuando lo miramos, la experiencia que tenemos— es de una naturaleza subalterna: está supeditada a otra cosa, de la cual depende. Asumiremos que un cuadro no es algo que actúa por delegación —en representación de otra instancia distinta de él mismo—, como portavoz de un “significado”.
Asumiremos, en fin, que un cuadro no es un artefacto creado para que sirva de “significante” de otra cosa, para que nos ponga tras la pista de un “contenido” que debemos descifrar.
Para nosotros, un cuadro no será algo a través de lo cual alguien expresa un cierto “contenido” (por ejemplo, se expresa a sí mismo, expresa los sentimientos que le suscitan el amor o las miserias de la humanidad, expresa su idea de la belleza, etc.). Para nosotros, un cuadro es un artefacto que hace cosas, del mismo modo que un reloj es un artefacto que marca la hora, un cuchillo algo que corta, una trampa algo que sirve para cazar animales y un chiste algo que sirve para provocar la risa. Como se ha sugerido ya, para nosotros, un cuadro un artefacto diseñado y construido para que, al ser visto, su propia presencia física genere en quien lo ve una “experiencia imaginaria” de cierto tipo [ya lo he dicho, explicaré a qué me refiero en apartado “imagen & imaginación”].
Haremos nuestra, en definitiva, la provocativa tesis expuesta por Thomas Wolfe en su libro La palabra pintada (traducción al español de The painted word (1975) realizada por Diego Medina. Anagrama, Barcelona 1989). Doy cuenta de ella reproduciendo el siguiente pasaje de la Wikipedia en el que se explica en qué consiste dicha tesis:
“Wolfe's thesis in The Painted Word was that by the 1970s modern art had moved away from being a visual experience, and more often was an illustration of art critics' theories. Wolfe criticized avant-garde art, Andy Warhol, Willem de Kooning and Jackson Pollock. The main target of Wolfe's book, however, was not so much the artists as the critics. In particular, Wolfe criticized three prominent art critics whom he dubbed the kings of «Cultureburg»: Clement Greenberg, Harold Rosenberg and Leo Steinberg. Wolfe argued that these three men were dominating the world of art with their theories and that, unlike the world of literature in which anyone can buy a book, the art world was controlled by an insular circle of rich collectors, museums and critics with out-sized influence.
Wolfe provides his own history of what he sees as the devolution to modern art. He summarized that history: «In the beginning we got rid of nineteenth-century storybook realism. Then we got rid of representational objects. Then we got rid of the third dimension altogether and got really flat (Abstract Expressionism). Then we got rid of airiness, brushstrokes, most of the paint, and the last viruses of drawing and complicated designs». After providing examples of other techniques and the schools that abandoned them, Wolfe concluded with conceptual art: «…there, at last, it was! No more realism, no more representation objects, no more lines, colors, forms, and contours, no more pigments, no more brushstrokes. … Art made its final flight, climbed higher and higher in an ever-decreasing tighter-turning spiral until…it disappeared up its own fundamental aperture…and came out the other side as Art Theory!…Art Theory pure and simple, words on a page, literature undefiled by vision…late twentieth-century Modern Art was about to fulfill its destiny, which was: to become nothing less than Literature pure and simple».”
Que de una forma chapucera podría traducirse más o menos:
“La tesis de Wolfe en La Palabra Pintada era que por la década de 1970 el arte moderno se había alejado de ser una experiencia visual, y más a menudo era una ilustración de las teorías de los críticos de arte. Wolfe criticó el arte de vanguardia, Andy Warhol, Willem de Kooning y Jackson Pollock. El objetivo principal del libro de Wolfe, sin embargo, no eran tanto los artistas como los críticos. En particular, Wolfe criticó tres prominentes críticos del Arte a lo que llamó los reyes de «Cultureburg»: Clement Greenberg, Harold Rosenberg y Leo Steinberg. Wolfe argumentó que estos tres hombres dominaban el mundo del arte con sus teorías y que, a diferencia del mundo de la literatura en la que cualquier persona puede comprar un libro, el mundo del arte estaba controlado por un círculo de la insularidad de ricos coleccionistas, museos y críticos con fuera influencia de tamaño.
Wolfe proporciona su propia historia de lo que él ve como la devolución al arte moderno. Resumió así esta historia: «Al principio nos libramos de las historias literarias del realismo del siglo XIX. Luego nos libramos de las representaciones. Después también nos libramos completamente de la tercera dimensión y [la Pintura] se volvió realmente plana (Expresionismo Abstracto). Más tarde nos libramos de la atmósfera, de las pinceladas, de la mayor parte de la Pintura y de los últimos virus de dibujo y los diseños complicados». Después de dar ejemplos de otras técnicas y de las escuelas que abandonaron la Pintura, Wolfe concluyó con el arte conceptual: «... ¡Al fin, ahí está el Arte! Se acabó el realismo, la representación de objetos, el dibujo, el color, las formas y los contornos, se acabaron los pigmentos, ninguna pincelada más... El Arte hizo su vuelo final, elevándose más y más, girando en una espiral cada vez más reducida... hasta que se desvaneció en su propia apertura fundamental... ¡reapareciendo al otro lado como Teoría del Arte!... Teoría del Arte pura y dura, las palabras en una página, la literatura no mancillada por la visión... a finales del siglo XX el Arte Moderno estaba a punto de cumplir su destino: no ser otra cosa literatura pura y simple.»”
Si aquí hacemos nuestra la tesis de Wolffe no es porque nos sintamos rencorosamente contrariados por los desarrollos del Arte Moderno, ni porque estemos en contra de la “desmaterialización” del Arte.
A nuestro entender, el Arte, tal como suele ser concebido (es decir, como un modo de expresión, y/o como una práctica orientada a la producción de objetos hechos para ser contemplados con espiritual delectación — por eso se dice que “todo el mundo tiene derecho al disfrutar del Arte”), es una práctica de naturaleza “conceptual”.
Lo es porque (a diferencia de la publicidad, de la producción de señuelos para la caza, de muñecas y peluches, de las narcotizantes imágenes proporcionadas por la pornografía y, en definitiva, de todas esas prácticas relacionadas con la producción de “imágenes” que la Teoría de Arte escinde y separa tajantemente del ámbito del Arte puro, negándoles la condición de “Arte verdadero” y arrinconándolas en la ruin esfera de las “artesanías”—lo hemos visto cuando hemos leído a Collingwood—), el Arte es una práctica social, muy refinada y muy culta.
En efecto, el Arte es una práctica destinada a “entendidos” que “entienden” de Arte. Es decir, una práctica que está orientada a ser “entendida”, y que no está orientada a que reaccionemos a los æfectos que nos provocan las “obras de Arte” (Ortega y Gasset, 1925). No es para esto último para lo que sirve el Arte. (Consultar el sardónico principio de John CAREY; ¿Para qué sirve el arte? Traducción al español de What Good Are the Arts? (Londres 2005) realizada por T. Arijón. Debate, Barcelona 2007))
De hecho, puede decirse que el Arte se inventó para elevar la espiritualidad del género humano: como práctica concebida para que las personas bien pensantes cultivaran su espíritu —a través del amor al Arte— de forma que su educación las apartara —les hiciera sentir asco— de su propensión a tener reacciones semejantes a las del animal que es el animal humano (humanas, demasiado humanas, que diría el filósofo Friedrich Nietzsche).
Puede decirse que el Arte se inventó para que la gente interiorizara eso que tan eficazmente parece ilustrar el cuadro de René Magritte en el que aparece la leyenda “Ceci n’est pas une pipe” (y que aparece al principio de esta entrada del blog), y cuya enseñanza parece que debería ser: “No se confunda usted. Esto que está viendo no es una pipa, esto únicamente es la representación de una pipa, no es otra cosa que una representación, algo que recuerda a otra cosa, un «significante»”.
El Arte, podría decirse sin faltar a la verdad, se inventó para que la gente aprendiera a no reaccionar a los æfectos que provocan las “imágenes” (para educar el “buen gusto”, el “gustar de lo que es bueno que te guste”). Y el invento parece haber funcionado exitosamente porque, en general, la gente ha aprendido:
  • 1º) que delante de una “obra de Arte” resulta inapropiado preguntar “¿aquí qué se ve?”, y mucho más inapropiado aún pretender que la valía y el valor del objeto que tiene delante dependa de que la visión de eso que le da a ver le provoque un æfecto poderoso;
  • 2º) que lo conveniente es preguntarse cosas del tipo: “¿esto qué significa?”, “¿qué pretende expresar el autor?”, “¿cuál ha sido la intención del artista al crear esto?”, “¿qué aporta esto al desarrollo del Arte?”, etc.

Asumiendo que la Pintura no es una modalidad icónica de Literatura, que un cuadro no es un “objeto de lectura”, es decir, algo que se “lee” (que se “interpreta”), que no es algo cuya presencia es de naturaleza subalterna, no es un artefacto creado para que sirva de “significante” de otra cosa, para que nos ponga tras la pista de un “contenido” que debemos descifrar, no actuamos por despecho contra “los excesos” del Arte Moderno. Simplemente, jugamos a otro juego, a un juego sin duda mucho más antiguo (y que, muy probablemente, tendrá un futuro más perdurable que el Arte [estético]). Jugamos al juego en el que se fundamenta el prestigio de las imágenes y, por extensión, también el prestigio enmascarado del Arte [estético]: al juego de jugar con los æfectos que nos provocan las imágenes generadas por ciertas cosas, en particular, por ciertos cuadros. Adelanto ya que este juego tiene que ver con la “mimesis”, no con la mimesis de la que hablan los historiadores del Arte, sino con la mimesis —mucho más “radical”, en el sentido literal de la palabra— de la que hablan los etólogos que estudian el comportamiento animal [► explorar Mimetismo].
Por eso para nosotros un cuadro no será algo a través de lo cual alguien expresa algo. Y por eso, antes que como un “medio de expresión”, consideraremos el cuadro más bien como una trampa, como un dispositivo orientado a hacer que le pase algo de cierto tipo a quien lo mire. Vamos a desmarcarnos, por tanto, no sólo de esa tradición de la “Modernidad” identificada con la tradición del Arte de vanguardia y de los ismos a la que se refiere T. Wolffe, también de toda la tradición de la Pintura vinculada al Arte estético y a la idea del Arte como Lenguaje.

2.2.b. Imagen; imaginación
Aquí vamos a considerar los cuadros en tanto que dispositivos generadores de imágenes, es decir, como artefactos destinados a activar cierto tipo de æfectos en la imaginación de quien los ve.
Se dijo más arriba que aquí vamos a asumir que un cuadro es un dispositivo diseñado para que, al ser mirado, su propia presencia física genere en quien lo ve una imagen [mental], es decir, una “experiencia imaginaria” de cierto tipo. También que asumiríamos que, del mismo modo que un reloj será tanto mejor cuanto mejor dé la hora, un cuadro será tanto mejor cuanto mayor sea la potencia de esa “experiencia imaginaria de cierto tipo” generada por su presencia. Ahora conviene aclarar los términos implicados en esta declaración de intenciones.
Que sea “imaginaria” —es decir, que sea generada por nuestra imaginación, y que tenga lugar en nuestra imaginación— no significa que no sea “real”, la experiencia de percibir una imagen (de reaccionar a un estímulo) es una vivencia, es algo que se vive/experimenta realmente, es, en definitiva, una experiencia. (Las cosas que nos suceden en los sueños son imaginarias, pero tanto los sueños como los efectos que estos nos producen son reales.)
La percepción es una actividad, es decir, es algo que se hace. Es una acción de la cual resultan “hechos”: un cierto tipo de productos. A los productos de esta actividad —“percepciones”, “perceptos”— les llamamos “imágenes” (que pueden ser “visuales”, “auditivas”, “olfativas”, “táctiles”, “gustativas” y de otros tipos), pero también “ideas” (que pueden ser “visuales”, “auditivas”, etc., no obstante, tendemos a identificar las ideas con “imágenes anicónicas”, es decir, con imágenes que carecen de presencia sensible/sensorial).
A las ideas se les concede que tienen un mayor grado de generalidad —es decir, que son acerca de generalizaciones—, y a las imágenes un mayor grado de singularidad—es decir, que lo son de una realidad singular—. Aunque puede decirse que las primeras están en un polo, y las segundas en el otro, de un continuo sin solución de continuidad, y que, de hecho, cuando se piensa en casos concretos la contraposición idea/imagen resulta inoperante.
Viendo cierto niño hacer algo podemos decir que es la viva imagen de la inocencia, es decir, una imagen de la idea de inocencia. Al mismo tiempo, la imagen de cartilla de lectura de un toro no está referida a ningún toro singular, sino a la idea de toro... La escultura griega, se dice, no es retratística (representación de la imagen de una persona concreta), sino “ideal”: la expresión de la idea (o del ideal) del ser humano. La esfera nos proporciona la imagen de lo regular, etc.
Lo que quiero subrayar es que las imágenes son experiencias mentales. Los expertos en el estudio de la mente (los psicólogos y, últimamente, los psicólogos que trabajan con neurólogos) estudian las ilusiones mentales porque nos permiten “ver” como vemos. Por ejemplo, ilusión óptica de la figura imposible de una "U" que acaba siendo un tridente: vemos algo [una imagen] que sabemos —y que podemos verificar— que no es [éste, como veremos, será el recurso que empleemos nosotros].
Estamos tan acostumbrados a distinguir entre “imágenes” e “ideas” que damos por hecho que se trata de dos clases distintas de cosas. Sin embargo, la distinción entre “imagen” e “idea” no es fácil. De hecho, es posible que, en realidad, “imagen” e “idea” sean los dos polos de un único tipo de fenómenos. Tendemos a llamar “imágenes” a las ideas/imágenes dotadas de figura (la “idea” del perro que me mordió hace dos años, y del que ahora estoy acordándome, la “idea” de corazón, de flecha, etc.), e “ideas” a las ideas/imágenes que nos resulta difícil figurarnos (como la idea/imagen de “raíz cuadrada” o de “amor”). Sin embargo, todos reconocemos la figura √ como imagen de de la raíz cuadrada (el signo de la raíz cuadrada fue introducido en 1525 por el matemático Christoph Rudolff para representar esta operación), del mismo modo que reconocemos la figura del amor cuando vemos la imagen siguiente cruzada por la imagen de una flecha.
Para referirnos a nuestros perceptos —es decir, a los productos generados por nuestra imaginación [mente] en respuesta a los estímulos, tanto externos como internos, a los que reaccionamos—, disponemos de dos palabras distintas: “idea” e “imagen”. Sin embargo, y como vimos a principios de curso, esta dos palabras no sólo tienen un mismo origen etimológico, sino que, de facto, coinciden en su campo semántico de aplicación.
[Merece la pena recordar una vez más que la palabra “idea” proviene del término latino idĕa, procedente del griego ἰδέα, que no sólo se traduce por “idea”, sino que, como indica el D.R.A.L.E., se traduce también por “forma” y por “apariencia”, ya que procede de είδον (eidon) “yo ví”. De hecho, la 2ª acepción de la palabra “idea” que nos ofrece el D.R.A.L.E. es: “[f.] Imagen o representación que del objeto percibido queda en el alma. «Su IDEA no se borra jamás de mi mente.»” (siendo la primera: “[f.] Primero y más obvio de los actos del entendimiento, que se limita al simple conocimiento de algo.”). Como vemos, la 2ª acepción de la palabra “idea” que nos ofrece el D.R.A.L.E. constata la identidad existente entre “idea” e “imagen”; no en vano, la frase ofrecida por el D.R.A.L.E. como ejemplo: “Su IDEA no se borra jamás de mi mente”, admite perfectamente ser intercambiada por “Su IMAGEN no se borra jamás de mi mente”. Es por esto que las 2ª acepción del término “imagen” que nos ofrece el Diccionario de la Lengua Española Espasa Calpe (edición 2005) es la siguiente: “Representación mental de algo: «tienes una imagen equivocada de él».” Quizás merezca la pena recordar también que, en griego antiguo, las palabras “idea”, “imagen” e “ídolo” [del lat. idōlum, y este del gr. εἴδωλον (eidolon)] tienen idéntico origen etimológico.]
Así pues, los cuadros son dispositivos destinados a producir en quien los ve un cierto tipo de reacción: la activación de su imaginación, la activación de sus ideas. En esto, los cuadros no se distinguen del resto de las cosas, ya que todo lo que vemos actúa sobre nosotros del mismo modo: en cuanto lo vemos, hace que nuestra mente/imaginación genere imágenes/ideas.
Sin embargo, no todas las cosas producen el mismo tipo de respuesta perceptiva. Hay cosas a las que no les prestamos atención (la vemos “como quien oye llover”), son meros "objetos pasivos" a la espera de un "sujeto activo" actúe sobre ellas. Pero también hay cosas que “saltan a la vista” y “ab-sorben” nuestra atención, son cosas que inter-actúan con nosotros como "sujetos activos". La inmensa mayoría de las cosas son del primer tipo. Los cuadros deben ser realidades del segundo tipo.
Un cuadro es un dispositivo diseñado para que, al mirarlo, genere en quien lo ve una imagen [mental] —es decir, una experiencia— que le provoque un æfecto (efecto/afecto) lo más efectivo posible. Como sabemos, ninguno de nosotros desea hacer cuadros que pasen inadvertidos. Todos deseamos que nuestros cuadros “llamen la atención”, atraigan al espectador como un imán, y absorban su atención...

3. Si hacer Arte consiste en hacer X, ¿cómo me planteo yo hacer X — que en concreto es lo que yo quiero hacer? → objetivo del proyecto
La respuesta a la pregunta anterior se ha dado ya más arriba. Las dos imágenes siguientes son un resumen sinóptico de lo dicho.


4. PROYECTO (una vez definido el objetivo del proyecto, pasamos al diseño del Proyecto propiamente dicho)
4. a. Objetivo del Proyecto
Ver imagen siguiente:

Bueno, el próximo martes, después de ver las fotos que habéis escogido y los calcos de las fotos de las figuras de M.C. Escher que habéis hecho, avanzaré más cosas del trabajo, y seguiré desarrollando la presentación en el blog del trabajo

domingo, 7 de marzo de 2010

PROYECTO_tirando a dar (4/4)

“tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo” (4/4)

Lo siento, pero no puedo dedicar más tiempo a esto. (Ahora son las 6:22 de la madrugada del domingo día 7; alguien me va a matar...)
Así que, en vez de hacer una entrada nueva, lo que voy a hacer es derivar esta entrada a algo que preparé hace unos meses con ocasión del Curso que imparto en Segovia sobre Pintura de paisaje. Os ruego que me disculpéis, y que os remitáis a la entrada que os saldrá si pincháis aquí:
Me habría gustado preparar una entrada específica para vosotros, pero no va a poder ser. En cualquier caso, reproduzco a continuación el esquema del Proyecto que vimos en clase. Éste será el esquema que sigamos para hacer la fundamentación teórica de nuestros proyectos (los vuestros, pero también el que yo os voy a proponer como ejemplo).
(notas que escribí en la pizarra el martes pasado)
Proyecto (proyectil) Anticipación — previsión — planificación (hacer planes, como cuando se planea un viaje, y hacer planos, como los ingenieros o los arquitectos...)
Fundamentación crítica (“poética”)
1. ¿Qué es el Arte? Hemos visto que el Arte es un “juego social”. Teoría Institucional del Arte — esta teoría asume y explica todas las demás, será la que tomemos como referencia. Así que la respuesta a esta pregunta es “Arte es X”, siendo “X” eso que ya todos sabéis.
2. Si el Arte es X, ¿en qué consiste hacer X?
3. Si hacer Arte consiste en hacer X, ¿cómo me planteo yo hacer X — que en concreto es lo que yo quiero hacer? → objetivo del proyecto
4. PROYECTO (una vez definido el objetivo del proyecto, pasamos al diseño del Proyecto propiamente dicho)
4. a. Objetivo del Proyecto
4. b. Planificación de la realización del Proyecto
4.b.1. Recursos necesarios
4.b.a. habilidades
4.b.b. materiales
4.b.c. técnicas
4.b.d. etc.
4.c. Proceso de realización
4.c.a. Temporización
5. Presupuesto
6. Presentación del Proyecto (más Abstract en 400 palabras — ver esquema)
Abstract del Proyecto
TÍTULO
Objetivos del Proyecto
Palabras clave (hasta 5)
Encuadramiento teórico (marco de referencia)
metodología
resultados
Recordatorio:
Entender qué se entiende por Arte, idea. Conceptualizar este endendimiento, concepto.
Somos universitarios, y hemos venido a una Facultad de Bellas Artes, y uno a una Escuela a que nos enseñen técnicas y a que nos pongan fácil desarrollar destrezas vinculadas al uso de las mismas. Es decir, no hemos venido a aprender un oficio, y —dada la naturaleza de las cosas que suelen relacionarse con el Arte—, a formarnos como artesanos. Además, aunque quisiéramos no podríamos: no hay tiempo, apenas disponemos de un total de poco más de 3.000 horas.

viernes, 5 de marzo de 2010

PROYECTO_tirando a dar (3/4)




“tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo” (3/4)



proyectil



Esta es la 3ª de una serie de 4 entradas. Aquí vamos a ver qué es y cómo se gestiona un proyecto.
En la 1ª de esta serie de entradas intenté aportar una presentación/marco para esta serie de 4 entradas, y también justificación de la misma [PROYECTO_tirando a dar (1/4)]. Además señalé y subrayé la conveniencia (y también la exigencia) de trabajar haciendo pre-visiones que normalmente se obvian y son pasadas por alto. Básicamente: la de tener en cuenta necesidad de tener muy claro (1º) qué es lo que vamos a hacer y (2º) a quién está destinado eso que vamos a hacer.

En la 2ª de esta serie de entradas expliqué por qué estamos obligados a concebir la “praxis artística «productiva»” como realización de un proyecto (proyecto = “poética”).


En la 4ª y última de esta serie de 4 entradas, veremos cómo se aplica lo anterior a la práctica artística, y cuál es la metología que vamos a seguir en clase para desarrollar nuestros proyectos: el proyecto propuesto como ejemplo que vais a realizar todos vosostros, y el proyecto personal de creación artística que cada uno de vosotros va a diseñar.

Como sabéis, la consigna para este bloque de 4 entradas en el que vamos a ocuparnos del "proyecto artístico", ya lo sabemos, es “tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo”. Pero en este tirar a dar intervienen al menos dos elementos: (1º) la cosa que tiramos (metafóricamente hablando, claro; en nuestro caso: la obra que proyectamos hacer), y (2º) eso que constituye el blanco de la diana al cual tiramos (en nuestro caso: el destinatario de nuestra obra). (En este “tirar a dar”, un tercer elemento sería el “tirador”, o sea: tú.).

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PROYECTO
(Del lat. proiectus).
1. adj. Geom. Representado en perspectiva.
2. m. Plan y disposición detallados que se forman para la realización de un tratado, o para la ejecución de algo de importancia: el proyecto ha de ser aprobado por el ministerio.
3. m. Designio o pensamiento de ejecutar algo: proyectos de boda.
4. m. Conjunto de escritos, cálculos y dibujos que se hacen para dar idea de cómo ha de ser y lo que ha de costar una obra de arquitectura o de ingeniería: el proyecto del nuevo satélite de telecomunicaciones ya está muy avanzado; proyecto de una urbanización.
5. m. Primer esquema o plan de cualquier trabajo que se hace a veces como prueba antes de darle la forma definitiva.
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PROYECTO
Descripción general
La palabra “proyecto” procede del término latino proiectus [/projectum], derivada del verbo proicere: “lanzar algo hacia adelante”, formado con el prefijo pro- (calco del griego πρό), que significa “ante” o “delante de”, y que alude al impulso o movimiento hacia adelante que precede a la acción expresada por el verbo al que acompaña, en este caso, iacere: “arrojar”, “lanzar”, “tirar”. El sentido original de la palabra “proyecto” era: “eso que viene/está antes de que algo suceda”. El significado actual de esta palabra remite a la idea del “plan” o de la “planificación” concebidos para llevar a cabo las acciones precisas para alcanzar eficazmente un objetivo particular.
Con frecuencia, el diseño de un proyecto requiere investigar previamente algunos de los aspectos y cuestiones involucrados en el mismo (por ej., la propia naturaleza del “objetivo” previsto), y su planificación exige casi siempre una pre-visión (una anticipación imaginada) muy cuidadosa del listado de las acciones y los recursos involucrados en el proceso de ejecución del proyecto.
Por lo general, la realización de un proyecto se divide en dos fases: (1ª) el diseño del proyecto, y (2ª) la ejecución del proyecto. (A estas dos fases habría que añadirles aún una 3ª fase: la destinada a evaluar los resultados obtenidos con el propósito de conseguir un feedback que nos permita aprender de la experiencia, es decir, obtener de ella una “realimentación” o “retroalimentación” [feedback], que en el futuro nos ayude a mejorar el resultado obtenido en esta ocasión).
Los proyectos “académicos”
En un entorno universitario como nuestro, se denomina “proyecto” a un tipo específico de tarea académica, que se le encarga a un estudiante para que desarrolle un trabajo/ensayo personal, que requiere un desarrollo más independiente que el que es normal en los trabajos habituales, y también una mayor cantidad de compromiso, involucración, dedicación y esfuerzo.
Lo que se pide a los estudiantes es que lleven a cabo un trabajo que exige un punto de vista, un análisis y el desarrollo de una investigación y de una planificación propios, y para el que deben recurrir a la exploración a través de Internet, a la búsqueda de información en la Biblioteca, a la recopilación de datos empíricos, etc.
En su forma definitiva, el proyecto adquire el formato de un informe escrito, y puede incluir apartados específicos dedicados a dar cuenta del propósito (objetivo) del proyecto, de los motivos que han determinado la elección de dicho objetivo, del marco de referencias tomado en consideración, de la fundamentación de los supuestos empleados, de la metodología que se ha seguido y de la metodología que se seguiría para la realización efectiva del proyecto, de los resultados que se han obtenidoi y de las conclusiones a las que se ha llegado.
Diseño del proyecto
Me referiré a esto en la 4ª de esta serie de 4 entradas dedicadas al proyecto.
Gestión del proyecto
Gestionar un proyecto es organizar, prever [pre-ver] y planificar el desarrollo de un proceso, primero, y, después, organizar la aplicación de un esfuerzo temporal emprendido para conseguir un objetivo preciso: un único fin: un servicio, un cierto resultado, un producto o, en nuestro caso, la producción de una “obra de Arte” (o un conjunto de ellas) y, en su caso, la exposición adecuada y eficiente de la misma.
Proyectar el “objetivo” es definir la meta que se persigue: el estado o la cosa que constituye el destino al final (y con frecuencia también el punto de origen) del proyecto. Ésta es una parte muy importante del proyecto, ya que, cuanto más nítidamente sea definido el objetivo del proyecto, más claramente y mejor podrán definirse el resto de los aspectos involucrados en el mismo.
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Algunas notas más acerca de los proyectos
Se denomina “proyecto” a la planificación que detalla el conjunto de recursos y actividades interrelacionados y coordinados que intervendrán en el proceso orientado al logro de un propósito. La razón de ser básica de un proyecto es definir y alcanzar un objetivo específico dentro de los límites que imponen unas determinadas variables previamente definidas y en un lapso de tiempo prefijado.
A la hora de diseñar un proyecto hay que tener en cuenta variables tales como: tiempo disponible, presupuesto, recursos, calidades establecidas previamente, etc. Además, en la gestión de un proyecto inciden la aplicación de conocimientos, habilidades, herramientas y técnicas, que son aplicados a las actividades involucradas en el proyecto para alcanzar el objetivo previsto y satisfacer los requisitos del proyecto.
Como vemos, un “proyecto” es una pre-visión (un proyectil lanzado hacia el futuro, una proyección) sistemáticamente planificada. También se denomina “proyecto” al documento en el que se expone la misma. Y también al conjunto de iniciativas efectuadas a lo largo de un periodo limitado de tiempo con el fin de lograr un resultado único y previsto.
Un proyecto surge como respuesta a una necesidad, y, cuando se asume esta necesidad de una forma responsable, un proyecto se diseña como una respuesta acorde con una cierta forma de entender las cuestiones involucradas en el mismo, que constituye su fundamentación. Un proyecto finaliza cuando se consigue el resultado deseado (desaparece la necesidad inicial, o porque se agotan los recursos disponibles (incluido el tiempo, “que es oro”).
Etapas o Ciclo de un proyecto
Ideación. Fase dedicada a especificar la “idea” y el “objetivo” del proyecto: consiste en establecer la necesidad u oportunidad a partir de la cual es posible establecer cuál es el objetivo que se persigue y, a partir de aquí, iniciar el diseño del proyecto. La idea de proyecto puede iniciarse debido a alguna de las siguientes razones:
  • Porque existen necesidades insatisfechas.
  • Porque surge una oportunidad que se desea aprovechar.
  • Por encargo o exigencia externa
Fase dedicada al “diseño” del proyecto: etapa en la que, una vez ha sido claramente especificado el objetivo que se persigue, se valoran las opciones, estrategias y tácticas a seguir, teniendo como indicador principal de su pertinencia y validez la contribución que suponen al logro del objetivo a conseguir. Es al final de esta etapa cuando tiene lugar la aprobación del proyecto, que suele decidirse mediante la revisión del perfil de proyecto y/o de los estudios de pre-factibilidad, o incluso de factibilidad. Una vez conseguida la aprobación del proyecto, se realiza la planificación operativa del mismo, que prevé y establece los diferentes recursos y los plazos de tiempo necesarios para alcanzar el objetivo del proyecto.Realización del proyecto: Consiste en ejecutar las acciones previamente planificadas.
Evaluación (Feedback). Una vez concluido, el proyecto se revisa para valorar el desarrollo de lo planeado, su correspondencia con lo ejecutado, los resultados obtenidos y su relación con los objetivos planteados, etc. Porque se hace camino al andar, y la experiencia es madre de la ciencia.
Documentación de un proyecto

PROYECTO_tirando a dar (2/4)

“tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo” (2/4)



Marcel Duchamp. Ready mades
Esta es la 2ª de esta serie de 4 entradas. Aquí vamos a repasar algo MUY IMPORTANTE a lo que ya hemos dedicado bastante tiempo en clase: por qué estamos obligados a concebir la práctica artística como realización de un proyecto (proyecto = “poética”).
El objetivo de la 1ª entrada era que sirviera tanto de presentación como de justificación para las otras tres. Se insistía en la conveniencia (y también en la exigencia) de trabajar haciendo pre-visiones que normalmente se obvian y son pasadas por alto. Básicamente: tener en cuenta necesidad de tener muy claro (1º) qué es lo que vamos a hacer y (2º) a quién está destinado eso que vamos a hacer.
En la 3ª de esta serie de 4 entradas veremos qué y cómo se gestiona un proyecto.
En la 4ª y última de esta serie de 4 entradas, veremos cómo se aplica lo anterior a la práctica artística, y cuál es la metología que vamos a seguir en clase para desarrollar nuestros proyectos: el proyecto propuesto como ejemplo que vais a realizar todos vosostros, y el proyecto personal de creación artística que cada uno de vosotros va a diseñar.
La consigna, ya lo sabemos, es “tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo”. Pero en este tirar a dar intervienen al menos dos elementos: (1º) la cosa que tiramos (metafóricamente hablando, claro; en nuestro caso: la obra que proyectamos hacer), y (2º) eso que constituye el blanco de la diana al cual tiramos (en nuestro caso: el destinatario de nuestra obra). (En este “tirar a dar”, un tercer elemento sería el “tirador”, o sea: tú.)
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Bueno, como he dicho ya, en esta 2ª entrada de la serie de 4 dedicadas al proyecto voy a repasar algo que es MUY IMPORTANTE, y a lo que ya hemos dedicado bastante atención en clase: por qué estamos obligados a concebir la práctica artística como realización de un proyecto ( = “poética”).
Para explicar esto primero tendré que recordar algunas cosas que ya sabemos:
1ª. ¿Qué es una “obra de Arte”?, o, dicho de una forma más precisa: ¿de qué se dice que es una “obra de Arte”?
2ª. Efectos del “impacto de lo nuevo” en la comprensión del Arte: la relativización de los criterios para apreciar y ponderar la valía de las “obra de Arte”.
3ª. ¿Cuándo, cómo y por qué puede decirse de una “obra de Arte” que es “buena” de una forma fundamentada?
Después pasaré a la cuestión que aquí nos ocupan:
4ª. El proyecto (la poética) como fundamento y justificación de la “obra de Arte”.
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1ª. ¿Qué es una “obra de Arte”? O, dicho de una forma más precisa: ¿de qué se dice que es una “obra de Arte”?
El Arte es una práctica social, es decir, convencional Que el Arte sea una práctica “convencional” significa que no es natural, y que está sujeta a convenciones = reglas/regulaciones arbitrarias.
Acabo de hacer la siguiente afirmación: “«convención» = «regla» / «regulación» «arbitraria»”. Merece la pena explorar toda esta cadena de conceptos.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (en lo sucesivo DRALE) nos dice que la palabra “convención” procede del latín conventĭo, -ōnis; y, en lo que aquí nos concierne, nos ofrece estas definiciones: “ajuste y concierto entre dos o más personas o entidades” (acepción 1ª), y “Norma o práctica admitida tácitamente, que responde a precedentes o a la costumbre” (acepción 3ª).
Las convenciones no son “naturales”, es decir, no son la expresión de “leyes naturales”. No son, por tanto, como las cosas semejantes al hecho de que los cuerpos tienden a caer hacia el centro de la Tierra cuando no encuentran soporte porque todos los cuerpos son objeto de la mutua atracción de su propia masa con la masa de la Tierra. Por eso podemos decir que la gravedad es algo “natural” y que “la gravedad es una manifestación de la ley de gravitación universal”.
Así pues, las convenciones, y, por tanto, las prácticas y los comportamientos convencionales, no son realidades naturales, son artificiales, es decir, productos resultantes de la actividad humana. El DRALE define “artificial” indicando que procede del latín artificiālis; y, en lo que aquí nos concierne, lo define así “(adjetivo) [se dice de que aquello que ha sido] Hecho por mano o arte del hombre” (acepción 1ª), y “(adj.) [se dice de que aquello que ha sido] Producido por el ingenio humano” (acepción 3ª).
En consecuencia, las convenciones —y, por tanto, las prácticas y los comportamientos convencionales— no son la expresión de leyes naturales, y no son, por tanto, algo que responde de una necesidad humana natural, y no son, por tanto, algo necesario, universal, a-histórico, “eterno”, etc.). Las convenciones son la expresión de la capacidad que tiene el ser humano para actuar libremente. (La distinción natural/artificial se despliega en series como animal/humano, cultivado/silvestre (o salvaje), cultura/barbarie, libertad/instinto, etc.).
Libremente, es decir, arbitrariamente. Para evitarme argumentaciones abstractas y posiblemente abstrusas, acudo de nuevo al DRALE. El Diccionario nos dice que la palabra “arbitrario” procede del latín arbitrarĭus; y la define así: “adj. Que depende del arbitrio”. Enseguida veremos qué significa “arbitrio”, antes vamos a ver qué nos dice de una palabra muy parecida a ésta: “árbitro”. El Diccionario nos dice que la palabra “árbitro” procede del latín arbĭter, -ĭtri; y, en lo que aquí nos concierne, la define así “Facultad que tiene el hombre de adoptar una resolución con preferencia a otra” (acepción 1ª), y “Voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito o capricho” (acepción 3ª). Parece evidente que la palabra “árbitro” tiene bastante que ver, en efecto, con el ejercicio de la libertad — en lo que a nosotros nos concierne aquí, poco importa si el uso que se hace de esta facultad es moralmente estimable o reprobable: es, en cualquier caso, “libre”.
A la idea de libertad nos remite, así mismo, la palabra “arbitrio”. El DRALE nos dice que la palabra “arbitrio” procede del latín arbitrĭum; y la define así: “Facultad que tiene el hombre de adoptar una resolución con preferencia a otra” (acepción 1ª), “. Autoridad, poder” (acepción 2ª), y “Voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito o capricho” (acepción 3ª). Ejercer “arbitrio”, ser “arbitrario”, “arbitrar”, todo esto implica ejercer la facultad y el poder que permite decidir y actuar libremente (libremente, y no obligado por las “leyes de la naturaleza”, el instinto, etc.). De hecho, muy relacionada con esta palabra hay otra que a todos nos resultará muy familiar integrada en la expresión “libre albedrío”. Me refiero, claro está, a “albedrío”.
El DRALE nos dice que la palabra “albedrío” procede del latín arbitrīum; y la define así: “Voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito, antojo o capricho” (acepción 2ª), “Costumbre jurídica no escrita” (acepción 3ª), “Sentencia del juez árbitro” (acepción 4ª), “Libertad de resolución” (acepción 5ª) y, formando parte de la expresión “libre albedrío”, a la que nos remite la primera acepción de la palabra “albedrío” del DRALE, “Potestad de obrar por reflexión y elección”.
Es obvio que las definiciones del Diccionario (igual que nuestras propias ideas, en particular las ideas no críticamente conceptualizadas, es decir, nuestros prejuicios — ya sabemos esto) no son absolutamente “neutras” (objetivas). Reflejan (o intentan hacerlo) la concepción de las cosas que tiene la sociedad en la cual están inmersas las personas que las redactan. En las definiciones que acabamos de ver puede observarse bien este fenómeno. Como hemos visto, lo arbitrario es referido con insistencia a la voluntad “no gobernada por la razón” sino “por el apetito, antojo o capricho”.
De esto podría desarrollarse todo un tratado, pero es obvio que no es éste lugar para hacerlo. Merece la pena, no obstante, apuntar dos o tres cosas. Por ejemplo, que la oposición razón/apetito-antojo-capricho se basa en la idea de que el ser humano es únicamente libre (“verdaderamente libre”, o “auténticamente libre”, dirían algunos) cuando actúa racionalmente, es decir, cuando no actúa gobernado por el instinto (el Diccionario dice “apetito”), ni por el antojo o el capricho (términos estos que el Diccionario identifica tácitamente con comportamientos irracionales, como los de los de las personas que, en vez de regir su comportamiento por la razón—en vez de comportarse como “personas «humanas»”, actúan como animales, brutos, salvajes, etc.).
De ahí que se haya acuñado la expresión “libre albedrío”. Aunque, ¿qué es el “libre albedrío”?, ¿de que está liberada esta modalidad específica de albedrío? Bien, de lo que estaría liberada es de las urgencias imperativas que despiertan en nosotros los deseos, como dice el diccionario, los “apetitos”.
Los “apetitos”, eso que despiertan en nosotros las cosas que nos hacen sentirnos llamadas por ellos, como el “sex appeal”. Estoy jugando con las posibilidades de la palabra “apetito”, ya que conviene saber que, además de “Impulso instintivo que lleva a satisfacer deseos o necesidades”, “Gana de comer”, “Deseo sexual” y “Cosa que excita el deseo de algo” —éstas son las definiciones que nos ofrece el DRALE—, la palabra “apetito” (del lat. appetītus) remite al impulso que suscita en nosotros la “llamada” o la “demanda” que sentimos que nos hace algo/alguien que está separado de nosotros, a eso que nos hace sentir que nos hace una “petición”(del lat. petitĭo, -ōnis) (esto el lo que indica la partícula ap- —sumada a petītus— de ap-petītus, que aquí, lo mismo que en palabras como apertura/abertura, sustituye al prefijo ab-, y significa “alejado de”, “separado de”). [ Quien tenga interés en comprobar esto, quizás pueda empezar por buscar en el Online Etymology Dictionary (http://www.etymonline.com/index.php?term=appetite)]
Y a eso, precisamente, es a lo que se refiere la expresión inglesa sex-appeal, que significa “atractivo físico y sexual” (DRALE), y que está construida con el vocablo francés “appel”, que significa “llamada”, o “reclamo”, como, en la frase faire un appel de phares, que significa “hacer señales con los faros —llamar la atención haciendo señales con los faros—”, o en appel au secours: “llamada —o grito— de socorro”, appel à la révolte: “llamamiento a la sublevación”, etc.
Recuerdo, para finalizar con esta digresión, algo que algún día hemos comentado en clase: la relación de lo bello con lo “atractivo”, es decir, con lo que atrae, y, por tanto, con lo “llamativo”. Y sumo a este recuerdo el siguiente: la palabra inglesa “call” (I call you: “yo te llamo”, etc.) deriva del término griego καλὸς, que suele traducirse por “belleza”. Se me viene a la cabeza uno de los eslóganes más conocidos de Jenny Holzer: Protect me from I want, “protégeme de lo que deseo” [ Jenny Holzer], y se me ocurre que quizás sea una prueba más de la genuina, paradójica y superdisimulada “kalofobia” occidental (la palabra “kalofobia” procede del griego καλὸς, “belleza” + φόβος, “miedo”, “fobia a”).
p. Bueno, volvamos a dónde lo dejamos. Decía más arriba: “Es obvio que las definiciones del Diccionario (igual que nuestras propias ideas, en particular las ideas no críticamente conceptualizadas, es decir, nuestros prejuicios — ya sabemos esto) no son absolutamente “neutras” (objetivas). Reflejan (o intentan hacerlo) la concepción de las cosas que tiene la sociedad en la cual están inmersas las personas que las redactan. En las definiciones que acabamos de ver puede observarse bien este fenómeno. Como hemos visto, lo arbitrario es referido con insistencia a la voluntad “no gobernada por la razón” sino “por el apetito, antojo o capricho”. Y continúo ahora:
Pero también, y al mismo tiempo, el Diccionario da implícitamente por supuesto que, cuando uno actúa de una forma racional, uno se somete a las reglas de la razón, y, por tanto, que actuar racionalmente es comportarse de un modo condicionado = no libre. (De ahí ese querido tópico romántico nuestro que postula que el artista/genio, que actúa “por capricho”, “por antojo”, etc., es decir, que actúa arbitrariamente [más abajo volveré sobre esto → Schiller], es la máxima expresión de la soberanía del ser humano, y que esta libertad es, al mismo tiempo que la expresión de la más genuina de las facultades humanas, el rasgo que hace de él un “creador” y que, por tanto, lo identifica con Dios. Etc.). Por eso, el Diccionario también indica que “arbitrio” = “Autoridad, poder”, etc., y lo vincula a la facultad que tienen las personas (libres) de adoptar una resolución con preferencia a otra, de poder actuar por capricho, en vez de hacerlo siempre obligadas por “naturaleza”, etc.
De forma que, frente a las imposiciones de lo “natural”, estaría la libertad de la arbitrariedad, de lo no “natural”, de lo “artificial”. Y en esto radicaría la diferencia específica que distingue al ser humano del resto de los seres del Universo. Respecto de esto, el Arte ¡aporta un ejemplo tan bueno!
Lo artificial, es decir, el artefacto que resulta de un arte, y no de la naturaleza (“artefacto”, del latín arte-factus, “hecho con arte” (DRALE)), pero también el comportamiento, en tanto que artefacto, es decir, en tanto que comportamiento artificioso = que se atiene a un “arte” (y no a la naturaleza), son la expresión de lo más genuinamente humano.
Esto se ha visto siempre así, y en todas las culturas. También en la nuestra se ha visto así con franqueza, hasta que el Romanticismo empezó a liar las cosas, porque (permitidme que lo cuente así) ciertos inconformistas que querían vivir como los personajes de las novelas (recuérdese que en alemán, lo mismo que en otros idiomas, “novela” se dice Roman, y que la expresión “romántico” deriva de aquí) empezaron a protestar contra los asfixiantes comportamientos artificiosos en los que habían sido educados (relacionados con L'Ancien Régime y con el absolutismo monárquico). Fue entonces cuando empezaron a inventarse el Arte y el mito de la espontaneidad, de la naturalidad, etc.
En cualquier caso, del mismo modo que lo artificial es la expresión por antonomasia de lo humano, del Arte puede decirse que es la expresión por antonomasia de lo artificial. Digan lo que digan los tópicos, el Arte no es una práctica natural, es una práctica convencional.
Ahorraré argumentos y esfuerzos recurriendo a un símil para explicarme: las prácticas que relacionamos con el Arte son a las prácticas naturales lo que el cocinar (y la “Cocina”) es al comer. Comer es “natural”; cocinar es “artificial”, es decir, algo que requiere de un “arte” (en el sentido de “técnica”, es decir, en el sentido de la palabra latina ars, que el DRALE, en la entrada “arte”, nos indica que es un calco del término griego τέχυη (téchne). ¿Recordáis lo que dice Collingwood de todo esto?). Cuando se inventó el Arte, el Arte pasó a ser la sublimación de todas las artes: del arte de la Pintura, del arte de navegar, del arte de la cocina, de las artes marciales, del Ars amandi, etc., es decir, de todo aquello cuya producción está regulada por un “Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo” (acepción 3ª del DRALE para “arte”).
Pero, para nosotros, el Arte, antes que ninguna otra cosa, y por encima de ninguna otra cosa, es una idea sublime, o, más precisamente, un ideal. Y llamamos “obra de Arte” a todo aquello que sirve como expresión, o como encarnación, de esa idea y/o de ese ideal. “Obra de Arte” es todo aquello que es usado como signo/representación/expresión de la idea del Arte, del ideal del Arte.






2ª. The Shock of the New .Efectos del “impacto de lo nuevo” en la comprensión del Arte: la relativización de los criterios para apreciar y ponderar la valía de las “obra de Arte”
Hubo un tiempo en el que un pintor no tenía que explicar (y que explicar-se a sí mismo) qué era la Pintura, es decir, en qué consistía la naturaleza, el fundamento y el sentido de eso que hacía, la tradición lo hacía por él. Cuando Benedetto Croce dijo “Arte es aquello que todos saben lo que es”, parece que estaba asumiendo esta forma de concebir las cosas.
En 1911, al comienzo de su Breviario Estética, Croce afirma: “A la pregunta ¿qué es el Arte? puede responderse bromeando, con una broma que no es completamente necia, que el arte es aquello que todos saben lo que es.” En 1913 Duchamp hizo su Roue de bicyclette, y en 1917 presentó su Fountain, que está considerada la obra de Arte más relevante del siglo XX. De haberse tropezado Croce con ellas, ¿las habría reconocido como Arte?
Creo que la respuesta más aceptable es: no.
¿En qué pensaba Croce cuando pensaba en el Arte? Creo que estaba pensando en lo que piensa la mayor parte de la gente: en cosas respecto de las cuales la Gioconda de Leonardo da Vinci constituye un ejemplo modélico. Esto es lo que parece desprenderse, por ejemplo, cuando, algo más adelante, en el mismo Breviario de Estética, y refiriéndose al “mayor contraste de tendencias que se haya dado jamás en el campo del Arte” —está claro, creo, que piensa en el Arte en su conjunto—, afirma: “aludo a la oposición entre Romanticismo y Clasicismo”. Me parece obvio que nada semejante al urinario de Duchamp, y muy probablemente tampoco parecido a Les demoiselles d’Avignon, forman parte de la idea de Arte de Croce. Croce era alguien muy bien formado y muy bien informado, ¿qué decir de la gente menos preparada?
Reproduzco a continuación un esquema que vimos en clase sobre CRITERIOS PARA VALORAR LAS OBRAS DE ARTE:
PREMODERNIDAD
La tradición determinaba y explicaba el trabajo del pintor. La tradición establecía, por ejemplo, que Pintura = mimesis, que el objetivo del pintor era reflejar un espectáculo visual.
MODERNIDAD
La tradición, ahora la tradición de la Modernidad, determinaba y explicaba el trabajo del pintor. La tradición establecía que el objetivo del pintor era generar una “aportación” que rompiera con lo previo y sirviera como contribución al progreso del desarrollo de la auto-conciencia crítica del Arte con el fin de alcanzar un Arte que sólo fuera Arte (Arte puro) [como sabéis, éste es el argumento de C. Greenberg].
La “obra de Arte” es concebida como un “informe del estado de la cuestión acerca del desarrollo de la auto-conciencia crítica del Arte. El artista debía concebir una “poética” que supusiera una aportación al avance del Arte: una idea/ideal del Arte que aportara un avance en el progreso hacia el des-velamiento/logro del Arte que no es nada más que Arte...
Por eso se nos ha contado la historia como el desarrollo de un proceso lineal del tipo:
Romanticismo
Realismo → Courbet → Manet → Impresionismo → Postimpresionismos (puntillismo, Gauguin) → Cézanne → Cubismo → Mondrian (De Stijl), Estructuralismo (Malevich), Abstracción (Kandisnky)
→ Duchamp
Neo-Expresionsimo → Expresionismo abstracto → Color-Field Painting → J. Pollock, M. Rothko, B. Newman, etc. → Minimalismo → Arte conceptual [→ Fin del Arte]
El “impacto de lo nuevo” hizo ver que apreciar y juzgar un cuadro cubista tomando como referencia el ideal [la poética] impresionista de la Pintura no es pertinente, que juzgar una escultura medieval tomando como “regla de medir” el ideal [la poética] renacentista de la Escultura es de analfabetos, etc.



Por eso, y como dice Simón Marchán Fiz al principio de Del arte objetual al arte de concepto, “en el arte actual la teoría ha sustituido a la iconografía tradicional.” (Marchán Fiz, Simón; Del arte objetual al arte de concepto (1960-1974). Epílogo sobre la sensibilidad “postmoderna”. Akal, Madrid 1988 (1972); pág. 11). Para un pintor hace mucho ya que el problema dejó de ser “¿qué pinto ahora (= qué motivo iconográfico represento)?”, ni siquiera, “¿con qué estilo debería pintar mis cuadros?” Estos eran todavía problemas muy importantes para Paul Gaugin, por ejemplo. Pero, para nosotros, el problema ha pasado a ser de otra índole.
La referencia que se elige ahora no es un “motivo” que pintar, ni un “estilo” con el que pintar algo que viene dado de antemano, sino una cierta “idea” del Arte.
Y con lo que se compara la “obra de Arte”, eso que sirve de “regla de medir” para valorarla, ya no es un “modelo” empírico, que permite establecer el grado de logro en el parecido conseguido por el cuadro. Lo que hoy hace de “regla de medir” es el ideal (la “poética”) que ha servido de fundamento a la “obra de Arte”. A finales del siglo XVIII, una de las glorias más notables de las letras alemanas, del Romanticismo universal y de la Estética, Friedich von Shiller, afirmó Kunst ist was schit selbst die Regel gibt, “El Arte es aquello que establece su propia regla” (en una carta a Christian Gottfried Körner), hizo falta tiempo para que esto llegara a poder ser literalmente cierto, pero la búsqueda de este ideal constituye sin duda el anhelo que preside el proceso relatado por los libros de Historia del Arte, en general, y, como sabemos, por Clement Greenberg, en particular.
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[Es ya bastante tarde, son las 3:52 de la madrugada del domingo 7 de marzo. No puedo dedicar mucho más tiempo esto. Lo siento. Llevo trabajando sin parar desde el martes por la tarde (el martes por la mañana os dije que colgaría esto—estas cuatro entradas—en el blog). Tengo cosas que inaplazables que hacer (entre otras, obras en casa, ya sabéis: estamos esperando dos mellizos), y ya no puedo dejarlas para más adelante (empezamos las obras en casa el próximo miércoles, y sólo tengo mañana domingo para ocuparme de hacer los preparativos necesarios).
Así es que, lo que sigue no va a ser otra cosa que muy breves apuntes/recordatorios de las cosas que hemos visto en clase. Fuerzas de causa mayor.]
(Cuando escribí la nota anterior eran las 3:52, ahora son las 5:42¡¡¡¡ uf !!!!!)
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3ª. ¿Cuándo, cómo y por qué puede decirse de una “obra de Arte” que es “buena” de una forma fundamentada?
Respecto de lo bueno, recordaréis el chiste:
Dice el niño — Mamá, el abuelito está malo.
Le constesta la madre — Pues apártalo y cómete todas las patatas.
Hablamos de lo bueno como si fuera una cualidad platónica absoluta y autoexplicada que subsiste por sí misma. Por ej., decimos de un cuadro que “es muy bueno”. Por lo general, sólo gente “borde” como yo tiene la desfachatez de atreverse a preguntar: “bueno, ¿para qué?”
En efecto, el adjetivo “bueno” (lo mismo que la filosofía de Platón, la tradición platónica y, también, la Estética) tiene un claro carácter “moral”. Pero, como señaló ese gran y sesudo provocador que fue Friedrich Nietzsche, antes tuvo un origen fisiológico.
Repito: El adjetivo “bueno” tiene un claro carácter “moral”. Pero antes antes tuvo un origen fisiológico. Después de bueno es lo que te hace fuerte [fortalece el cuerpo = te fortaleze a tí], e incrementa tus oportunidades en el mundo, se pasó a bueno es lo que hace fuerte al “cuerpo social”, e incrementa las oportunidades de la comunidad.
Hay que decir también que, por lo general, lo bueno (lo saludable) está de buen ver y sabe bien (piénsese en una manzana madura, etc.), y que lo malo (lo intoxicador, lo venenoso, por ej. lo podrido) no está de buen ver y sabe mal. (La relación del saber = tener sabor..., con el saber = conocer, es conocida desde antiguo. Y la identificación del “gusto” con una modalidad de conocimiento (de conocimiento íntimo, interiorizado, intuitivo, etc.) está en el origen enmascarado de la Estética). [Respecto de esto, recomiendo muy encarecidamente la siguiente lectura: KORSMEYER, C.; El sentido del gusto. Comida, estética y filosofía. Traducción de The Taste Culture Reader: Experiencing Food and Drink (Sensory Formations), (2002) realizada por Francisco Beltrán Adell, Pidós, Barcelona, 2002]
En origen, malo es lo que debilita, lo que enferma (así es como está —y como sabe— el abuelito del chiste); después la noción de malo es sometida al mismo proceso de extrapolización y desnaturalización que la noción de bueno.
Retomando la sugerencia anterior: Identificación de la Teoría del Arte con la Estética → relación de la Estética con la Ética: educar el gusto → establecer con qué cosas es “bueno” [estéticamente / moralmente / socialmente] darse gusto y con qué no es bueno [estéticamente / moralmente / socialmente] darse gusto, → qué es “bueno” [estéticamente / moralmente / socialmente] para darse gustos con ello, y qué no lo es. Etc.
CRITERIOS PARA VALORAR LOS CUADROS
· Académico: está referido a la obra, es objetivo. La “regla de medir” son una serie de normas derivadas de la idea Pintura = representación = mimesis, y de la convicción de que el cuadro será tanto mejor cuando más atractivo resulte, es decir, cuanto mejor sea su “composición”. Éste es un criterio fundamentado: puede fundamentarse alegando argumentos razonados y razonables.
· Romántico: es subjetivo y valora una subjetividad. La “obra de Arte” se concibe como un testimonio/vestigio del artista (en analogía con las reliquias de los santos). De forma que su valor es subsidiario: dimana de ser “obra de” el autor que la ha hecho: ser “un picasso”, “un matisse”, “un leonardo”, etc. Si el autor no es valioso, la obra tampoco (éste es el problema de las malas atribuciones, las falsificaciones, etc.). La obra sólo resulta valiosa para aquel que valora al autor. Ejemplo: lo que ha sucedido hace apenas un año con El coloso de Goya, ya no es de Goya, así que ha sido retirado del Museo del Prado. Éste no es un criterio fundamentado: no puede fundamentarse alegando argumentos razonados y razonables, sólo respaldarse apelando a jucios de valor arbitrarios, en el sentido habitual del término, y al “argumento de autoridad”. [Argumento de autoridad, es decir, a la fuerza, o a la fuerza del magister dixit (en latín, "el maestro dijo"].
· Historicista: es algo objetivo y algo subjetivo. La obra se valora en tanto que supone un “hito” (algo que rompe con la establecido y supone una aportación) en el desarrollo del Arte. Ése es el fundamento del valor de la primera acuarela abstracta de Kandinsky, de Le Bonheur de vivre de Matisse o de Les demoiselles d’Avignon. Etc. Éste es un criterio fundamentado: puede fundamentarse alegando datos históricos, estadísticos, etc. Aunque esto no libra de la siguiente debilidad: la historia se construye siempre a toro pasado y, como señaló Walter Benjamin, siemrpe a mayor gloria de los vencedores....
· El precio. Si alguien ha pagado mucho por un cuadro, eso es prueba de que lo valora. Éste es un criterio fundamentado que tiene visos de resultar irrefutable.
· Neo-académico: asume la idea romántica de que la “obra de Arte” es la expresión de un ideal y no una realización que se atiene a reglas pre-establecidas, pero no valora las “obras de Arte” por ser obra de cierto autor, sino como realización (más o menos adecuada, esto es lo que se pondera) de una determinada idea del Arte (un determinado ideal del Arte o poética). Es objetivo, y está referido a las obras de arte como objetos, como objetos mediante los que se realiza una cierta idea (poética) del Arte. Aquí la “regla de medir” (la nomotética de) la “obra de Arte” la ofrece la propia poética que la ha generado. En este sentido, Las meninas de Velázquez son mejores (como expresión de la concepción/poética barroca de la Pintura) que la mayor parte de los cuadros de Alonso Cano; y las pinturas más conocidas de Monet son mejores, como Pintura impresionista, que las pinturas mejor conocidas de Sorolla, etc. Éste es un criterio fundamentado: puede fundamentarse alegando argumentos razonados y razonables. Pero ojo, ni que decir hay que para valorar una “obra de Arte” de este modo hay que saber Historia del Arte, la historia de las ideas estéticas y de las ideas del Arte, las poéticas, etc.
Si comparamos las “obras de Arte” siguientes, ¿podríamos valorarlas todos con un único y mismo criterio?












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