viernes, 5 de marzo de 2010

PROYECTO_tirando a dar (3/4)




“tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo” (3/4)



proyectil



Esta es la 3ª de una serie de 4 entradas. Aquí vamos a ver qué es y cómo se gestiona un proyecto.
En la 1ª de esta serie de entradas intenté aportar una presentación/marco para esta serie de 4 entradas, y también justificación de la misma [PROYECTO_tirando a dar (1/4)]. Además señalé y subrayé la conveniencia (y también la exigencia) de trabajar haciendo pre-visiones que normalmente se obvian y son pasadas por alto. Básicamente: la de tener en cuenta necesidad de tener muy claro (1º) qué es lo que vamos a hacer y (2º) a quién está destinado eso que vamos a hacer.

En la 2ª de esta serie de entradas expliqué por qué estamos obligados a concebir la “praxis artística «productiva»” como realización de un proyecto (proyecto = “poética”).


En la 4ª y última de esta serie de 4 entradas, veremos cómo se aplica lo anterior a la práctica artística, y cuál es la metología que vamos a seguir en clase para desarrollar nuestros proyectos: el proyecto propuesto como ejemplo que vais a realizar todos vosostros, y el proyecto personal de creación artística que cada uno de vosotros va a diseñar.

Como sabéis, la consigna para este bloque de 4 entradas en el que vamos a ocuparnos del "proyecto artístico", ya lo sabemos, es “tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo”. Pero en este tirar a dar intervienen al menos dos elementos: (1º) la cosa que tiramos (metafóricamente hablando, claro; en nuestro caso: la obra que proyectamos hacer), y (2º) eso que constituye el blanco de la diana al cual tiramos (en nuestro caso: el destinatario de nuestra obra). (En este “tirar a dar”, un tercer elemento sería el “tirador”, o sea: tú.).

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PROYECTO
(Del lat. proiectus).
1. adj. Geom. Representado en perspectiva.
2. m. Plan y disposición detallados que se forman para la realización de un tratado, o para la ejecución de algo de importancia: el proyecto ha de ser aprobado por el ministerio.
3. m. Designio o pensamiento de ejecutar algo: proyectos de boda.
4. m. Conjunto de escritos, cálculos y dibujos que se hacen para dar idea de cómo ha de ser y lo que ha de costar una obra de arquitectura o de ingeniería: el proyecto del nuevo satélite de telecomunicaciones ya está muy avanzado; proyecto de una urbanización.
5. m. Primer esquema o plan de cualquier trabajo que se hace a veces como prueba antes de darle la forma definitiva.
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PROYECTO
Descripción general
La palabra “proyecto” procede del término latino proiectus [/projectum], derivada del verbo proicere: “lanzar algo hacia adelante”, formado con el prefijo pro- (calco del griego πρό), que significa “ante” o “delante de”, y que alude al impulso o movimiento hacia adelante que precede a la acción expresada por el verbo al que acompaña, en este caso, iacere: “arrojar”, “lanzar”, “tirar”. El sentido original de la palabra “proyecto” era: “eso que viene/está antes de que algo suceda”. El significado actual de esta palabra remite a la idea del “plan” o de la “planificación” concebidos para llevar a cabo las acciones precisas para alcanzar eficazmente un objetivo particular.
Con frecuencia, el diseño de un proyecto requiere investigar previamente algunos de los aspectos y cuestiones involucrados en el mismo (por ej., la propia naturaleza del “objetivo” previsto), y su planificación exige casi siempre una pre-visión (una anticipación imaginada) muy cuidadosa del listado de las acciones y los recursos involucrados en el proceso de ejecución del proyecto.
Por lo general, la realización de un proyecto se divide en dos fases: (1ª) el diseño del proyecto, y (2ª) la ejecución del proyecto. (A estas dos fases habría que añadirles aún una 3ª fase: la destinada a evaluar los resultados obtenidos con el propósito de conseguir un feedback que nos permita aprender de la experiencia, es decir, obtener de ella una “realimentación” o “retroalimentación” [feedback], que en el futuro nos ayude a mejorar el resultado obtenido en esta ocasión).
Los proyectos “académicos”
En un entorno universitario como nuestro, se denomina “proyecto” a un tipo específico de tarea académica, que se le encarga a un estudiante para que desarrolle un trabajo/ensayo personal, que requiere un desarrollo más independiente que el que es normal en los trabajos habituales, y también una mayor cantidad de compromiso, involucración, dedicación y esfuerzo.
Lo que se pide a los estudiantes es que lleven a cabo un trabajo que exige un punto de vista, un análisis y el desarrollo de una investigación y de una planificación propios, y para el que deben recurrir a la exploración a través de Internet, a la búsqueda de información en la Biblioteca, a la recopilación de datos empíricos, etc.
En su forma definitiva, el proyecto adquire el formato de un informe escrito, y puede incluir apartados específicos dedicados a dar cuenta del propósito (objetivo) del proyecto, de los motivos que han determinado la elección de dicho objetivo, del marco de referencias tomado en consideración, de la fundamentación de los supuestos empleados, de la metodología que se ha seguido y de la metodología que se seguiría para la realización efectiva del proyecto, de los resultados que se han obtenidoi y de las conclusiones a las que se ha llegado.
Diseño del proyecto
Me referiré a esto en la 4ª de esta serie de 4 entradas dedicadas al proyecto.
Gestión del proyecto
Gestionar un proyecto es organizar, prever [pre-ver] y planificar el desarrollo de un proceso, primero, y, después, organizar la aplicación de un esfuerzo temporal emprendido para conseguir un objetivo preciso: un único fin: un servicio, un cierto resultado, un producto o, en nuestro caso, la producción de una “obra de Arte” (o un conjunto de ellas) y, en su caso, la exposición adecuada y eficiente de la misma.
Proyectar el “objetivo” es definir la meta que se persigue: el estado o la cosa que constituye el destino al final (y con frecuencia también el punto de origen) del proyecto. Ésta es una parte muy importante del proyecto, ya que, cuanto más nítidamente sea definido el objetivo del proyecto, más claramente y mejor podrán definirse el resto de los aspectos involucrados en el mismo.
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Algunas notas más acerca de los proyectos
Se denomina “proyecto” a la planificación que detalla el conjunto de recursos y actividades interrelacionados y coordinados que intervendrán en el proceso orientado al logro de un propósito. La razón de ser básica de un proyecto es definir y alcanzar un objetivo específico dentro de los límites que imponen unas determinadas variables previamente definidas y en un lapso de tiempo prefijado.
A la hora de diseñar un proyecto hay que tener en cuenta variables tales como: tiempo disponible, presupuesto, recursos, calidades establecidas previamente, etc. Además, en la gestión de un proyecto inciden la aplicación de conocimientos, habilidades, herramientas y técnicas, que son aplicados a las actividades involucradas en el proyecto para alcanzar el objetivo previsto y satisfacer los requisitos del proyecto.
Como vemos, un “proyecto” es una pre-visión (un proyectil lanzado hacia el futuro, una proyección) sistemáticamente planificada. También se denomina “proyecto” al documento en el que se expone la misma. Y también al conjunto de iniciativas efectuadas a lo largo de un periodo limitado de tiempo con el fin de lograr un resultado único y previsto.
Un proyecto surge como respuesta a una necesidad, y, cuando se asume esta necesidad de una forma responsable, un proyecto se diseña como una respuesta acorde con una cierta forma de entender las cuestiones involucradas en el mismo, que constituye su fundamentación. Un proyecto finaliza cuando se consigue el resultado deseado (desaparece la necesidad inicial, o porque se agotan los recursos disponibles (incluido el tiempo, “que es oro”).
Etapas o Ciclo de un proyecto
Ideación. Fase dedicada a especificar la “idea” y el “objetivo” del proyecto: consiste en establecer la necesidad u oportunidad a partir de la cual es posible establecer cuál es el objetivo que se persigue y, a partir de aquí, iniciar el diseño del proyecto. La idea de proyecto puede iniciarse debido a alguna de las siguientes razones:
  • Porque existen necesidades insatisfechas.
  • Porque surge una oportunidad que se desea aprovechar.
  • Por encargo o exigencia externa
Fase dedicada al “diseño” del proyecto: etapa en la que, una vez ha sido claramente especificado el objetivo que se persigue, se valoran las opciones, estrategias y tácticas a seguir, teniendo como indicador principal de su pertinencia y validez la contribución que suponen al logro del objetivo a conseguir. Es al final de esta etapa cuando tiene lugar la aprobación del proyecto, que suele decidirse mediante la revisión del perfil de proyecto y/o de los estudios de pre-factibilidad, o incluso de factibilidad. Una vez conseguida la aprobación del proyecto, se realiza la planificación operativa del mismo, que prevé y establece los diferentes recursos y los plazos de tiempo necesarios para alcanzar el objetivo del proyecto.Realización del proyecto: Consiste en ejecutar las acciones previamente planificadas.
Evaluación (Feedback). Una vez concluido, el proyecto se revisa para valorar el desarrollo de lo planeado, su correspondencia con lo ejecutado, los resultados obtenidos y su relación con los objetivos planteados, etc. Porque se hace camino al andar, y la experiencia es madre de la ciencia.
Documentación de un proyecto

seminario HABITAR LA FICCIÓN_de la casa de la representación a los mundos imaginarios/Luís Puelles

Seminario de Luís Puelles Romero

Habitar la ficción

De la casa de la representación a los mundos imaginarios





  • NOTA:

Aunque estrada está incluida en el Blog de la asignatura "Idea, concepto y proceso en la creación artística II", de la Licenciatura de Bellas Artes de la UGR, lo que sigue es una información que NO está restringida a los estudiantes que cursan esta asignatura, es una información abierta a todas aquellas personas que quieran participar el en Seminario de Luís Puelles referido más arriba.

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Como recordaréis, hace unas cuantas semanas os anuncié que se impartiría un Seminario a cargo del filósofo Luís Puelles, de la Universidad de Málaga.

Luís Puelles, a quien yo considero un experto en Surrealismo, y con quien comparto algunas proclividades en lo relativo a la curiosidad por asuntos y problemas relacionados con el Arte (aunque nuestros enfoques son distintos), está a punto de publicar un libro muy ambicioso, que lleva por título Habitar la ficción. De la casa de la representación los mundos imaginarios, al que ha dedicado 5 años de trabajo, y por el que acaba de recibir un premio.

Antes de publicar este libro, me ha dicho, le gustaría intercambiar pareceres con estudiantes de la Facultad de Bellas Artes, y discutir algunos de los aspectos más importantes de los que desarrolla en este trabajo. Desea constrastarlos con gente del mundo del Arte. (Aunque yo debo confesar que he pensado que puede estar muy bien que coincidáis con estudiantes de Filosofía interesados en el Arte, así que he abierto la convocatoria también para gente de Filosofía).

Como es posible que algunos de vosotros sintáis curiosidad por saber qué es y cómo se desarrolla un Seminario de los que se plantean en otras facultades, y como es posible, incluso, que algunos de vosotros estéis interesados en participar en este Seminario, he abierto esta nueva entrada en nuestro Blog, y, a continuación, os ofrezco información sobre este Seminario y sobre el propio Luís Puelles.

[Nota: sigo trabajando en las entradas que os prometí para el "Proyecto", como habréis visto, ya he colgado la primera. Estoy en ello, la pena es que el tiempo no da más de sí, y yo tampoco. Saludos]

[nueva Nota: por alguna razón que desconozco, aunque admito que me tiene más que "frito", esta entrada del blog, y es la segunda vez que la cuelgo, da errores: aunque son grandes, las imágenes no se amplían a su tamaño cuando se clica sobre ellas. No sé si sólo me pasa a mí (ojalá), o si le pasará a todo aquel que lo intente... Así que, de mala manera, y con peor ánimo, colocaré más abajo los textos que deberían poder leerse en estas imágens. Aparecerán después de las imágenes del folleto que he preparado, y también después de una cuantas horas dedicadas a prepararlas... ¿Se nota mucho cuál es mi estado de ánimo?]





Habitar la ficción

De la casa de la representación a los mundos imaginarios

Seminario

a cargo de: Dr. D. Luis Puelles Romero, Profesor Titular de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad de Málaga

Coordinación: Dr. D. Juan J. Cabrera Contreras, Profesor Titular del Dpto. de Pintura de la Universidad de Granada

Organiza: Departamento de Pintura de la Universidad de Granada

El Seminario “Habitar la ficción. De la casa de la representación a los mundos imaginarios” versará sobre el ambiguo estatuto de las imágenes. Es un Seminario abierto destinado a todos aquellos estudiantes de Segundo y Tercer Ciclo de las Licenciaturas de Bellas Artes y Filosofía de la UGR que deseen participar en el mismo.

Lugar y calendario: Sala de conferencias del Palacio del Almirante (Placeta del Almirante s/n, Albaicín [http://www.bellasartesgranada.org/index.php/Palacio-del-Almirante/128/0/], a lo largo de los días 23, 24 y 25 de marzo, en jornadas de 16,30 a 19,30 horas.


Inscripción: Puede hacerse remitiendo un e-mail a la dirección jcabrera@ugr.es en el que se aporten los datos siguientes: nombre y apellidos, estudios cursados, edad, y dirección de e-mail para notificaciones y envío de la documentación propia del Seminario.

Curriculum vitæ abreviado del Dr. Puelles Romero:

Luis Puelles Romero (Cádiz, 1967): Doctor en Filosofía y Profesor Titular de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad de Málaga.

Estancias de investigación en la Universidad de Amberes, en el Institut d´Esthétique et des Sciences de l´Art de la Universidad de París I (Pantheon-Sorbonne) y en la Universidad Tor Vergata de Roma.

Algunos de sus libros son: Figuras de la apariencia. Ensayos sobre arte y modernidad (Málaga, 2001), Modos de la sensibilidad. Hiperrealidad, espectacularidad y extrañamiento (Pontevedra, 2002), El mundo a distancia. Notas sobre la contemplación estética (Sevilla, 2002), La estética de Gaston Bachelard (Madrid, 2002), El desorden necesario. Filosofía del objeto surrealista (Murcia, 2005) y Lo posible. Fotografías de Paul Nougé (Murcia, 2007). [Consultar en: Luis Puelles Romero - Dialnet]

Próximamente, la editorial Abada [abada editores / www.abadaeditores.com/ ] publicará sus dos últimos trabajos: una edición de los Textos del escritor Émile Zola sobre el pintor Édouard Manet, y su libro Mirar al que mira. Teoría estética y sujeto espectador (en el que ha estado trabajando los últimos cinco años).

Además, hace apenas unos días, Luís Puelles ha sido distinguido con el premio correspondiente a la Segunda edición del Premio Iberoamericano de Investigación Universitaria “Ciudad de Cádiz”, encuadrado en los Premios Cortes de Cádiz, por su trabajo “‘Mirar al que mira: para una estética de los espectadores”.

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Luis Puelles Romero

Tfno: 636 828 881

Dirección: C/. Esperanto, nº 20, 7ª. 29007 Málaga.

Dirección de email: Lpr@uma.es

• Artículos de revistas (19)

• Colaboraciones en obras colectivas (7)

• Libros (6)

• Coordinación (2 publicaciones)

Artículos de revistas

“Exponer o vaciar. Klein en el desvelo de la representación.” Arte y parte: revista de arte - España, Portugal y América, ISSN 1136-2006, Nº. 82, 2009, pags. 40-55

“El artista sumergido: Notas sobre Emil Nolde.” Arte y parte: revista de arte - España, Portugal y América, ISSN 1136-2006, Nº. 79, 2009, pags. 34-45


“La desaparición de los espectadores.” Arte y parte: revista de arte - España, Portugal y América, ISSN 1136-2006, Nº. 75, 2008, pags. 60-77


“En el mundo de Truman: génesis del estado de hiperrealidad.” Contrastes. Suplemento, ISSN 1136-9922, Nº. 13, 2008 (Ejemplar dedicado a: Estetización y nuevas artes / coord. por Luis Puelles Romero, Rosa María Fernández Gómez), pags. 187-210


“Existir sin ser visto. Aproximaciones a una teoría del sujeto espectador.” Azafea: revista de filosofía, ISSN 0213-3563, Nº. 9, 2007 (Ejemplar dedicado a: Estética. Perpectivas actuales), pags. 41-60


“Entre imágenes: experiencia estética y mundo versátil.” Estudios visuales: Ensayo, teoría y crítica de la cultura visual y el arte contemporáneo, ISSN 1698-7470, Nº. 3, 2006 (Ejemplar dedicado a: Estética, Historia del Arte, Estudios Visuales), pags. 128-151


“El placer de aislarse. Experiencia estética y sujeto espectador.” Sileno: Variaciones sobre arte y pensamiento, ISSN 1137-2001, Nº. 20, 2006 (Ejemplar dedicado a: Islas), pags. 33-37


“De cómo el arte se convirtió en arte.” Contrastes: Revista interdisciplinar de filosofía, ISSN 1136-4076, Nº 10, 2005, pags. 169-176


“En torno a la existencia de una estética nietzscheana.” Contrastes: Revista interdisciplinar de filosofía, ISSN 1136-4076, Nº 9, 2004, pags. 175-183


“O arte estético o cultura artística: disyunción y paradoja de la recepción estética.” Contrastes. Suplemento, ISSN 1136-9922, Nº. 9, 2004 (Ejemplar dedicado a: Estéticas : Occidente y otras culturas / coord. por Luis Puelles Romero, Rosa María Fernández Gómez), pags. 185-200


“La filosocía en la exigencia de pensar las artes.” Taula: Quaderns de pensament, ISSN 0214-6657, Nº 38, 2004, pags. 27-38


“La intuición del instante de Gaston Bachelard: Una lectura en clave estética.” Analecta malacitana: Revista de la Sección de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras, ISSN 0211-934X, Vol. 23, Nº 2, 2000, pags. 711-721


“Voluntad de crear: Nietzsche o el arte contgra la estética.” Contrastes: Revista interdisciplinar de filosofía, ISSN 1136-4076, Nº 5, 2000, pags. 285-298


“Tomar distancias: Estética y fascinación.” Thémata: Revista de filosofía, ISSN 0212-8365, Nº 25, 2000 (Ejemplar dedicado a: emociones), pags. 327-334


“Interiores del alma. Lo íntimo como categoría estética.” Thémata: Revista de filosofía, ISSN 0212-8365, Nº 22, 1999 (Ejemplar dedicado a: Concepciones y narrativas del yo), pags. 241-248
“La fenomenología de la imagen poética de Gastón Bachelard.” Contrastes: Revista interdisciplinar de filosofía, ISSN 1136-4076, Nº 3, 1998, pags. 335-343


“La obra de Gaston Bachelard.” Contrastes: Revista interdisciplinar de filosofía, ISSN 1136-4076, Nº 3, 1998, pags. 385-399


“Epistemología del error científico (aportaciones pedagógicas de Gaston Bachelard).” Tavira: Revista de ciencias de la educación, ISSN 0214-137X, Nº. 14, 1997, pags. 73-80


“Pensar el presente: Filosofía, Técnica y Nihilismo.” Anales de la Universidad de Cádiz, ISSN 0213-1595, Nº 9-10, 1992 1993, pags. 115-124



Colaboraciones en obras colectivas


“Arquitectura e ideología: la obra dibujada de Étienne-Louis Boullée. La cara oculta de la razón : locura, creencia y utopía” / coord. por Cinta Canterla González, 2001, pags. 323-334


“La ilusión del sentido: Notas para un Magritte.” Otra voz, otras razones : estudios ofrecidos al Profesor Dr. Mariano Peñalver Simó con motivo de su jubilación académica / coord. por Francisco Vázquez García, 2001, ISBN 84-7786-701-1, pags. 237-252


“Historia y ficción: la mujer en la pintura rococó. Historia, memoria y ficción : 1750-1850” : IX Encuentro de la Ilustración al Romanticismo / coord. por Alberto González Troyano; Antonio Romero Ferrer (dir. congr.), M. Marieta Cantos Casenave (dir. congr.), 1999, ISBN 84-7786-633-3, pags. 297-306


“La representación de la "mujer pública" en el arte moderno.” "Mal menor": política y representaciones de la prostitución (siglos XVI-XIX) / coord. por Francisco J. Vázquez, 1998, ISBN 84-7786-508-6, pags. 99-134


“La fenomenología de la imagen poética de Gaston Bachelard.” Congreso Fenomenología y Ciencias Humanas : Santiago de Compostela, 24-28 de septiembre de 1996 / coord. por María Luz Pintos Peñaranda, José Luis González López, 1998, ISBN 84-8121-677-1, pags. 397-404


“La voluntad de apariencia: estética del Dandysmo.” La identidad masculina en los siglos XVIII Y XIX : de la Ilustración al Romanticismo (1750-1850) : VIII encuentro : Cádiz 17, 18 y 19 de mayo de 1995 / coord. por Alberto Ramos Santana, 1997, ISBN 84-7786-416-0, pags. 23-34


“El recurso literar¡o de "lo inefable" como retórica del miedo.” Diálogo y retórica / coord. por Antonio Ruiz Castellanos, Antonia Víñez Sánchez, 1996, ISBN 84-7786-332-6, pags. 335-338



Libros


El mundo a distancia: notas sobre la contemplación estética. Padilla Libros Editores & Libreros, 2002. ISBN 84-8434-161-5


Modos de la sensibilidad: hiperrealidad, espectacularidad y extranamiento. Pontevedra : Deputación Provincial de Pontevedra, 2002. ISBN 84-8457-097-5


El desorden necesario: filosofía del objeto surrealista. Universidad de Málaga, 2002. ISBN 84-7496-922-0


La llave de los campos: una introducción a la estética del siglo XX. Málaga : Ayuntamiento de Málaga, 2002. ISBN 84-87035-16-7


La estética Gaston Bachelard: una filosofía de la imaginación creadora. Editorial Verbum, 2002. ISBN 84-7962-216-4


Figuras de la apariencia: ensayos sobre arte y modernidad. Universidad de Málaga, 2001. ISBN 84-7496-850-X



Coordinación


Ejemplares


 Contrastes. Suplemento. Nº. 13, 2008. (Ejemplar dedicado a: Estetización y nuevas artes / coord. por Luis Puelles Romero, Rosa María Fernández Gómez)


 Contrastes. Suplemento. Nº. 9, 2004 (Ejemplar dedicado a: Estéticas : Occidente y otras culturas / coord. por Luis Puelles Romero, Rosa María Fernández Gómez)

PROYECTO_tirando a dar (2/4)

“tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo” (2/4)



Marcel Duchamp. Ready mades
Esta es la 2ª de esta serie de 4 entradas. Aquí vamos a repasar algo MUY IMPORTANTE a lo que ya hemos dedicado bastante tiempo en clase: por qué estamos obligados a concebir la práctica artística como realización de un proyecto (proyecto = “poética”).
El objetivo de la 1ª entrada era que sirviera tanto de presentación como de justificación para las otras tres. Se insistía en la conveniencia (y también en la exigencia) de trabajar haciendo pre-visiones que normalmente se obvian y son pasadas por alto. Básicamente: tener en cuenta necesidad de tener muy claro (1º) qué es lo que vamos a hacer y (2º) a quién está destinado eso que vamos a hacer.
En la 3ª de esta serie de 4 entradas veremos qué y cómo se gestiona un proyecto.
En la 4ª y última de esta serie de 4 entradas, veremos cómo se aplica lo anterior a la práctica artística, y cuál es la metología que vamos a seguir en clase para desarrollar nuestros proyectos: el proyecto propuesto como ejemplo que vais a realizar todos vosostros, y el proyecto personal de creación artística que cada uno de vosotros va a diseñar.
La consigna, ya lo sabemos, es “tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo”. Pero en este tirar a dar intervienen al menos dos elementos: (1º) la cosa que tiramos (metafóricamente hablando, claro; en nuestro caso: la obra que proyectamos hacer), y (2º) eso que constituye el blanco de la diana al cual tiramos (en nuestro caso: el destinatario de nuestra obra). (En este “tirar a dar”, un tercer elemento sería el “tirador”, o sea: tú.)
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Bueno, como he dicho ya, en esta 2ª entrada de la serie de 4 dedicadas al proyecto voy a repasar algo que es MUY IMPORTANTE, y a lo que ya hemos dedicado bastante atención en clase: por qué estamos obligados a concebir la práctica artística como realización de un proyecto ( = “poética”).
Para explicar esto primero tendré que recordar algunas cosas que ya sabemos:
1ª. ¿Qué es una “obra de Arte”?, o, dicho de una forma más precisa: ¿de qué se dice que es una “obra de Arte”?
2ª. Efectos del “impacto de lo nuevo” en la comprensión del Arte: la relativización de los criterios para apreciar y ponderar la valía de las “obra de Arte”.
3ª. ¿Cuándo, cómo y por qué puede decirse de una “obra de Arte” que es “buena” de una forma fundamentada?
Después pasaré a la cuestión que aquí nos ocupan:
4ª. El proyecto (la poética) como fundamento y justificación de la “obra de Arte”.
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1ª. ¿Qué es una “obra de Arte”? O, dicho de una forma más precisa: ¿de qué se dice que es una “obra de Arte”?
El Arte es una práctica social, es decir, convencional Que el Arte sea una práctica “convencional” significa que no es natural, y que está sujeta a convenciones = reglas/regulaciones arbitrarias.
Acabo de hacer la siguiente afirmación: “«convención» = «regla» / «regulación» «arbitraria»”. Merece la pena explorar toda esta cadena de conceptos.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (en lo sucesivo DRALE) nos dice que la palabra “convención” procede del latín conventĭo, -ōnis; y, en lo que aquí nos concierne, nos ofrece estas definiciones: “ajuste y concierto entre dos o más personas o entidades” (acepción 1ª), y “Norma o práctica admitida tácitamente, que responde a precedentes o a la costumbre” (acepción 3ª).
Las convenciones no son “naturales”, es decir, no son la expresión de “leyes naturales”. No son, por tanto, como las cosas semejantes al hecho de que los cuerpos tienden a caer hacia el centro de la Tierra cuando no encuentran soporte porque todos los cuerpos son objeto de la mutua atracción de su propia masa con la masa de la Tierra. Por eso podemos decir que la gravedad es algo “natural” y que “la gravedad es una manifestación de la ley de gravitación universal”.
Así pues, las convenciones, y, por tanto, las prácticas y los comportamientos convencionales, no son realidades naturales, son artificiales, es decir, productos resultantes de la actividad humana. El DRALE define “artificial” indicando que procede del latín artificiālis; y, en lo que aquí nos concierne, lo define así “(adjetivo) [se dice de que aquello que ha sido] Hecho por mano o arte del hombre” (acepción 1ª), y “(adj.) [se dice de que aquello que ha sido] Producido por el ingenio humano” (acepción 3ª).
En consecuencia, las convenciones —y, por tanto, las prácticas y los comportamientos convencionales— no son la expresión de leyes naturales, y no son, por tanto, algo que responde de una necesidad humana natural, y no son, por tanto, algo necesario, universal, a-histórico, “eterno”, etc.). Las convenciones son la expresión de la capacidad que tiene el ser humano para actuar libremente. (La distinción natural/artificial se despliega en series como animal/humano, cultivado/silvestre (o salvaje), cultura/barbarie, libertad/instinto, etc.).
Libremente, es decir, arbitrariamente. Para evitarme argumentaciones abstractas y posiblemente abstrusas, acudo de nuevo al DRALE. El Diccionario nos dice que la palabra “arbitrario” procede del latín arbitrarĭus; y la define así: “adj. Que depende del arbitrio”. Enseguida veremos qué significa “arbitrio”, antes vamos a ver qué nos dice de una palabra muy parecida a ésta: “árbitro”. El Diccionario nos dice que la palabra “árbitro” procede del latín arbĭter, -ĭtri; y, en lo que aquí nos concierne, la define así “Facultad que tiene el hombre de adoptar una resolución con preferencia a otra” (acepción 1ª), y “Voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito o capricho” (acepción 3ª). Parece evidente que la palabra “árbitro” tiene bastante que ver, en efecto, con el ejercicio de la libertad — en lo que a nosotros nos concierne aquí, poco importa si el uso que se hace de esta facultad es moralmente estimable o reprobable: es, en cualquier caso, “libre”.
A la idea de libertad nos remite, así mismo, la palabra “arbitrio”. El DRALE nos dice que la palabra “arbitrio” procede del latín arbitrĭum; y la define así: “Facultad que tiene el hombre de adoptar una resolución con preferencia a otra” (acepción 1ª), “. Autoridad, poder” (acepción 2ª), y “Voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito o capricho” (acepción 3ª). Ejercer “arbitrio”, ser “arbitrario”, “arbitrar”, todo esto implica ejercer la facultad y el poder que permite decidir y actuar libremente (libremente, y no obligado por las “leyes de la naturaleza”, el instinto, etc.). De hecho, muy relacionada con esta palabra hay otra que a todos nos resultará muy familiar integrada en la expresión “libre albedrío”. Me refiero, claro está, a “albedrío”.
El DRALE nos dice que la palabra “albedrío” procede del latín arbitrīum; y la define así: “Voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito, antojo o capricho” (acepción 2ª), “Costumbre jurídica no escrita” (acepción 3ª), “Sentencia del juez árbitro” (acepción 4ª), “Libertad de resolución” (acepción 5ª) y, formando parte de la expresión “libre albedrío”, a la que nos remite la primera acepción de la palabra “albedrío” del DRALE, “Potestad de obrar por reflexión y elección”.
Es obvio que las definiciones del Diccionario (igual que nuestras propias ideas, en particular las ideas no críticamente conceptualizadas, es decir, nuestros prejuicios — ya sabemos esto) no son absolutamente “neutras” (objetivas). Reflejan (o intentan hacerlo) la concepción de las cosas que tiene la sociedad en la cual están inmersas las personas que las redactan. En las definiciones que acabamos de ver puede observarse bien este fenómeno. Como hemos visto, lo arbitrario es referido con insistencia a la voluntad “no gobernada por la razón” sino “por el apetito, antojo o capricho”.
De esto podría desarrollarse todo un tratado, pero es obvio que no es éste lugar para hacerlo. Merece la pena, no obstante, apuntar dos o tres cosas. Por ejemplo, que la oposición razón/apetito-antojo-capricho se basa en la idea de que el ser humano es únicamente libre (“verdaderamente libre”, o “auténticamente libre”, dirían algunos) cuando actúa racionalmente, es decir, cuando no actúa gobernado por el instinto (el Diccionario dice “apetito”), ni por el antojo o el capricho (términos estos que el Diccionario identifica tácitamente con comportamientos irracionales, como los de los de las personas que, en vez de regir su comportamiento por la razón—en vez de comportarse como “personas «humanas»”, actúan como animales, brutos, salvajes, etc.).
De ahí que se haya acuñado la expresión “libre albedrío”. Aunque, ¿qué es el “libre albedrío”?, ¿de que está liberada esta modalidad específica de albedrío? Bien, de lo que estaría liberada es de las urgencias imperativas que despiertan en nosotros los deseos, como dice el diccionario, los “apetitos”.
Los “apetitos”, eso que despiertan en nosotros las cosas que nos hacen sentirnos llamadas por ellos, como el “sex appeal”. Estoy jugando con las posibilidades de la palabra “apetito”, ya que conviene saber que, además de “Impulso instintivo que lleva a satisfacer deseos o necesidades”, “Gana de comer”, “Deseo sexual” y “Cosa que excita el deseo de algo” —éstas son las definiciones que nos ofrece el DRALE—, la palabra “apetito” (del lat. appetītus) remite al impulso que suscita en nosotros la “llamada” o la “demanda” que sentimos que nos hace algo/alguien que está separado de nosotros, a eso que nos hace sentir que nos hace una “petición”(del lat. petitĭo, -ōnis) (esto el lo que indica la partícula ap- —sumada a petītus— de ap-petītus, que aquí, lo mismo que en palabras como apertura/abertura, sustituye al prefijo ab-, y significa “alejado de”, “separado de”). [ Quien tenga interés en comprobar esto, quizás pueda empezar por buscar en el Online Etymology Dictionary (http://www.etymonline.com/index.php?term=appetite)]
Y a eso, precisamente, es a lo que se refiere la expresión inglesa sex-appeal, que significa “atractivo físico y sexual” (DRALE), y que está construida con el vocablo francés “appel”, que significa “llamada”, o “reclamo”, como, en la frase faire un appel de phares, que significa “hacer señales con los faros —llamar la atención haciendo señales con los faros—”, o en appel au secours: “llamada —o grito— de socorro”, appel à la révolte: “llamamiento a la sublevación”, etc.
Recuerdo, para finalizar con esta digresión, algo que algún día hemos comentado en clase: la relación de lo bello con lo “atractivo”, es decir, con lo que atrae, y, por tanto, con lo “llamativo”. Y sumo a este recuerdo el siguiente: la palabra inglesa “call” (I call you: “yo te llamo”, etc.) deriva del término griego καλὸς, que suele traducirse por “belleza”. Se me viene a la cabeza uno de los eslóganes más conocidos de Jenny Holzer: Protect me from I want, “protégeme de lo que deseo” [ Jenny Holzer], y se me ocurre que quizás sea una prueba más de la genuina, paradójica y superdisimulada “kalofobia” occidental (la palabra “kalofobia” procede del griego καλὸς, “belleza” + φόβος, “miedo”, “fobia a”).
p. Bueno, volvamos a dónde lo dejamos. Decía más arriba: “Es obvio que las definiciones del Diccionario (igual que nuestras propias ideas, en particular las ideas no críticamente conceptualizadas, es decir, nuestros prejuicios — ya sabemos esto) no son absolutamente “neutras” (objetivas). Reflejan (o intentan hacerlo) la concepción de las cosas que tiene la sociedad en la cual están inmersas las personas que las redactan. En las definiciones que acabamos de ver puede observarse bien este fenómeno. Como hemos visto, lo arbitrario es referido con insistencia a la voluntad “no gobernada por la razón” sino “por el apetito, antojo o capricho”. Y continúo ahora:
Pero también, y al mismo tiempo, el Diccionario da implícitamente por supuesto que, cuando uno actúa de una forma racional, uno se somete a las reglas de la razón, y, por tanto, que actuar racionalmente es comportarse de un modo condicionado = no libre. (De ahí ese querido tópico romántico nuestro que postula que el artista/genio, que actúa “por capricho”, “por antojo”, etc., es decir, que actúa arbitrariamente [más abajo volveré sobre esto → Schiller], es la máxima expresión de la soberanía del ser humano, y que esta libertad es, al mismo tiempo que la expresión de la más genuina de las facultades humanas, el rasgo que hace de él un “creador” y que, por tanto, lo identifica con Dios. Etc.). Por eso, el Diccionario también indica que “arbitrio” = “Autoridad, poder”, etc., y lo vincula a la facultad que tienen las personas (libres) de adoptar una resolución con preferencia a otra, de poder actuar por capricho, en vez de hacerlo siempre obligadas por “naturaleza”, etc.
De forma que, frente a las imposiciones de lo “natural”, estaría la libertad de la arbitrariedad, de lo no “natural”, de lo “artificial”. Y en esto radicaría la diferencia específica que distingue al ser humano del resto de los seres del Universo. Respecto de esto, el Arte ¡aporta un ejemplo tan bueno!
Lo artificial, es decir, el artefacto que resulta de un arte, y no de la naturaleza (“artefacto”, del latín arte-factus, “hecho con arte” (DRALE)), pero también el comportamiento, en tanto que artefacto, es decir, en tanto que comportamiento artificioso = que se atiene a un “arte” (y no a la naturaleza), son la expresión de lo más genuinamente humano.
Esto se ha visto siempre así, y en todas las culturas. También en la nuestra se ha visto así con franqueza, hasta que el Romanticismo empezó a liar las cosas, porque (permitidme que lo cuente así) ciertos inconformistas que querían vivir como los personajes de las novelas (recuérdese que en alemán, lo mismo que en otros idiomas, “novela” se dice Roman, y que la expresión “romántico” deriva de aquí) empezaron a protestar contra los asfixiantes comportamientos artificiosos en los que habían sido educados (relacionados con L'Ancien Régime y con el absolutismo monárquico). Fue entonces cuando empezaron a inventarse el Arte y el mito de la espontaneidad, de la naturalidad, etc.
En cualquier caso, del mismo modo que lo artificial es la expresión por antonomasia de lo humano, del Arte puede decirse que es la expresión por antonomasia de lo artificial. Digan lo que digan los tópicos, el Arte no es una práctica natural, es una práctica convencional.
Ahorraré argumentos y esfuerzos recurriendo a un símil para explicarme: las prácticas que relacionamos con el Arte son a las prácticas naturales lo que el cocinar (y la “Cocina”) es al comer. Comer es “natural”; cocinar es “artificial”, es decir, algo que requiere de un “arte” (en el sentido de “técnica”, es decir, en el sentido de la palabra latina ars, que el DRALE, en la entrada “arte”, nos indica que es un calco del término griego τέχυη (téchne). ¿Recordáis lo que dice Collingwood de todo esto?). Cuando se inventó el Arte, el Arte pasó a ser la sublimación de todas las artes: del arte de la Pintura, del arte de navegar, del arte de la cocina, de las artes marciales, del Ars amandi, etc., es decir, de todo aquello cuya producción está regulada por un “Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo” (acepción 3ª del DRALE para “arte”).
Pero, para nosotros, el Arte, antes que ninguna otra cosa, y por encima de ninguna otra cosa, es una idea sublime, o, más precisamente, un ideal. Y llamamos “obra de Arte” a todo aquello que sirve como expresión, o como encarnación, de esa idea y/o de ese ideal. “Obra de Arte” es todo aquello que es usado como signo/representación/expresión de la idea del Arte, del ideal del Arte.






2ª. The Shock of the New .Efectos del “impacto de lo nuevo” en la comprensión del Arte: la relativización de los criterios para apreciar y ponderar la valía de las “obra de Arte”
Hubo un tiempo en el que un pintor no tenía que explicar (y que explicar-se a sí mismo) qué era la Pintura, es decir, en qué consistía la naturaleza, el fundamento y el sentido de eso que hacía, la tradición lo hacía por él. Cuando Benedetto Croce dijo “Arte es aquello que todos saben lo que es”, parece que estaba asumiendo esta forma de concebir las cosas.
En 1911, al comienzo de su Breviario Estética, Croce afirma: “A la pregunta ¿qué es el Arte? puede responderse bromeando, con una broma que no es completamente necia, que el arte es aquello que todos saben lo que es.” En 1913 Duchamp hizo su Roue de bicyclette, y en 1917 presentó su Fountain, que está considerada la obra de Arte más relevante del siglo XX. De haberse tropezado Croce con ellas, ¿las habría reconocido como Arte?
Creo que la respuesta más aceptable es: no.
¿En qué pensaba Croce cuando pensaba en el Arte? Creo que estaba pensando en lo que piensa la mayor parte de la gente: en cosas respecto de las cuales la Gioconda de Leonardo da Vinci constituye un ejemplo modélico. Esto es lo que parece desprenderse, por ejemplo, cuando, algo más adelante, en el mismo Breviario de Estética, y refiriéndose al “mayor contraste de tendencias que se haya dado jamás en el campo del Arte” —está claro, creo, que piensa en el Arte en su conjunto—, afirma: “aludo a la oposición entre Romanticismo y Clasicismo”. Me parece obvio que nada semejante al urinario de Duchamp, y muy probablemente tampoco parecido a Les demoiselles d’Avignon, forman parte de la idea de Arte de Croce. Croce era alguien muy bien formado y muy bien informado, ¿qué decir de la gente menos preparada?
Reproduzco a continuación un esquema que vimos en clase sobre CRITERIOS PARA VALORAR LAS OBRAS DE ARTE:
PREMODERNIDAD
La tradición determinaba y explicaba el trabajo del pintor. La tradición establecía, por ejemplo, que Pintura = mimesis, que el objetivo del pintor era reflejar un espectáculo visual.
MODERNIDAD
La tradición, ahora la tradición de la Modernidad, determinaba y explicaba el trabajo del pintor. La tradición establecía que el objetivo del pintor era generar una “aportación” que rompiera con lo previo y sirviera como contribución al progreso del desarrollo de la auto-conciencia crítica del Arte con el fin de alcanzar un Arte que sólo fuera Arte (Arte puro) [como sabéis, éste es el argumento de C. Greenberg].
La “obra de Arte” es concebida como un “informe del estado de la cuestión acerca del desarrollo de la auto-conciencia crítica del Arte. El artista debía concebir una “poética” que supusiera una aportación al avance del Arte: una idea/ideal del Arte que aportara un avance en el progreso hacia el des-velamiento/logro del Arte que no es nada más que Arte...
Por eso se nos ha contado la historia como el desarrollo de un proceso lineal del tipo:
Romanticismo
Realismo → Courbet → Manet → Impresionismo → Postimpresionismos (puntillismo, Gauguin) → Cézanne → Cubismo → Mondrian (De Stijl), Estructuralismo (Malevich), Abstracción (Kandisnky)
→ Duchamp
Neo-Expresionsimo → Expresionismo abstracto → Color-Field Painting → J. Pollock, M. Rothko, B. Newman, etc. → Minimalismo → Arte conceptual [→ Fin del Arte]
El “impacto de lo nuevo” hizo ver que apreciar y juzgar un cuadro cubista tomando como referencia el ideal [la poética] impresionista de la Pintura no es pertinente, que juzgar una escultura medieval tomando como “regla de medir” el ideal [la poética] renacentista de la Escultura es de analfabetos, etc.



Por eso, y como dice Simón Marchán Fiz al principio de Del arte objetual al arte de concepto, “en el arte actual la teoría ha sustituido a la iconografía tradicional.” (Marchán Fiz, Simón; Del arte objetual al arte de concepto (1960-1974). Epílogo sobre la sensibilidad “postmoderna”. Akal, Madrid 1988 (1972); pág. 11). Para un pintor hace mucho ya que el problema dejó de ser “¿qué pinto ahora (= qué motivo iconográfico represento)?”, ni siquiera, “¿con qué estilo debería pintar mis cuadros?” Estos eran todavía problemas muy importantes para Paul Gaugin, por ejemplo. Pero, para nosotros, el problema ha pasado a ser de otra índole.
La referencia que se elige ahora no es un “motivo” que pintar, ni un “estilo” con el que pintar algo que viene dado de antemano, sino una cierta “idea” del Arte.
Y con lo que se compara la “obra de Arte”, eso que sirve de “regla de medir” para valorarla, ya no es un “modelo” empírico, que permite establecer el grado de logro en el parecido conseguido por el cuadro. Lo que hoy hace de “regla de medir” es el ideal (la “poética”) que ha servido de fundamento a la “obra de Arte”. A finales del siglo XVIII, una de las glorias más notables de las letras alemanas, del Romanticismo universal y de la Estética, Friedich von Shiller, afirmó Kunst ist was schit selbst die Regel gibt, “El Arte es aquello que establece su propia regla” (en una carta a Christian Gottfried Körner), hizo falta tiempo para que esto llegara a poder ser literalmente cierto, pero la búsqueda de este ideal constituye sin duda el anhelo que preside el proceso relatado por los libros de Historia del Arte, en general, y, como sabemos, por Clement Greenberg, en particular.
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[Es ya bastante tarde, son las 3:52 de la madrugada del domingo 7 de marzo. No puedo dedicar mucho más tiempo esto. Lo siento. Llevo trabajando sin parar desde el martes por la tarde (el martes por la mañana os dije que colgaría esto—estas cuatro entradas—en el blog). Tengo cosas que inaplazables que hacer (entre otras, obras en casa, ya sabéis: estamos esperando dos mellizos), y ya no puedo dejarlas para más adelante (empezamos las obras en casa el próximo miércoles, y sólo tengo mañana domingo para ocuparme de hacer los preparativos necesarios).
Así es que, lo que sigue no va a ser otra cosa que muy breves apuntes/recordatorios de las cosas que hemos visto en clase. Fuerzas de causa mayor.]
(Cuando escribí la nota anterior eran las 3:52, ahora son las 5:42¡¡¡¡ uf !!!!!)
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3ª. ¿Cuándo, cómo y por qué puede decirse de una “obra de Arte” que es “buena” de una forma fundamentada?
Respecto de lo bueno, recordaréis el chiste:
Dice el niño — Mamá, el abuelito está malo.
Le constesta la madre — Pues apártalo y cómete todas las patatas.
Hablamos de lo bueno como si fuera una cualidad platónica absoluta y autoexplicada que subsiste por sí misma. Por ej., decimos de un cuadro que “es muy bueno”. Por lo general, sólo gente “borde” como yo tiene la desfachatez de atreverse a preguntar: “bueno, ¿para qué?”
En efecto, el adjetivo “bueno” (lo mismo que la filosofía de Platón, la tradición platónica y, también, la Estética) tiene un claro carácter “moral”. Pero, como señaló ese gran y sesudo provocador que fue Friedrich Nietzsche, antes tuvo un origen fisiológico.
Repito: El adjetivo “bueno” tiene un claro carácter “moral”. Pero antes antes tuvo un origen fisiológico. Después de bueno es lo que te hace fuerte [fortalece el cuerpo = te fortaleze a tí], e incrementa tus oportunidades en el mundo, se pasó a bueno es lo que hace fuerte al “cuerpo social”, e incrementa las oportunidades de la comunidad.
Hay que decir también que, por lo general, lo bueno (lo saludable) está de buen ver y sabe bien (piénsese en una manzana madura, etc.), y que lo malo (lo intoxicador, lo venenoso, por ej. lo podrido) no está de buen ver y sabe mal. (La relación del saber = tener sabor..., con el saber = conocer, es conocida desde antiguo. Y la identificación del “gusto” con una modalidad de conocimiento (de conocimiento íntimo, interiorizado, intuitivo, etc.) está en el origen enmascarado de la Estética). [Respecto de esto, recomiendo muy encarecidamente la siguiente lectura: KORSMEYER, C.; El sentido del gusto. Comida, estética y filosofía. Traducción de The Taste Culture Reader: Experiencing Food and Drink (Sensory Formations), (2002) realizada por Francisco Beltrán Adell, Pidós, Barcelona, 2002]
En origen, malo es lo que debilita, lo que enferma (así es como está —y como sabe— el abuelito del chiste); después la noción de malo es sometida al mismo proceso de extrapolización y desnaturalización que la noción de bueno.
Retomando la sugerencia anterior: Identificación de la Teoría del Arte con la Estética → relación de la Estética con la Ética: educar el gusto → establecer con qué cosas es “bueno” [estéticamente / moralmente / socialmente] darse gusto y con qué no es bueno [estéticamente / moralmente / socialmente] darse gusto, → qué es “bueno” [estéticamente / moralmente / socialmente] para darse gustos con ello, y qué no lo es. Etc.
CRITERIOS PARA VALORAR LOS CUADROS
· Académico: está referido a la obra, es objetivo. La “regla de medir” son una serie de normas derivadas de la idea Pintura = representación = mimesis, y de la convicción de que el cuadro será tanto mejor cuando más atractivo resulte, es decir, cuanto mejor sea su “composición”. Éste es un criterio fundamentado: puede fundamentarse alegando argumentos razonados y razonables.
· Romántico: es subjetivo y valora una subjetividad. La “obra de Arte” se concibe como un testimonio/vestigio del artista (en analogía con las reliquias de los santos). De forma que su valor es subsidiario: dimana de ser “obra de” el autor que la ha hecho: ser “un picasso”, “un matisse”, “un leonardo”, etc. Si el autor no es valioso, la obra tampoco (éste es el problema de las malas atribuciones, las falsificaciones, etc.). La obra sólo resulta valiosa para aquel que valora al autor. Ejemplo: lo que ha sucedido hace apenas un año con El coloso de Goya, ya no es de Goya, así que ha sido retirado del Museo del Prado. Éste no es un criterio fundamentado: no puede fundamentarse alegando argumentos razonados y razonables, sólo respaldarse apelando a jucios de valor arbitrarios, en el sentido habitual del término, y al “argumento de autoridad”. [Argumento de autoridad, es decir, a la fuerza, o a la fuerza del magister dixit (en latín, "el maestro dijo"].
· Historicista: es algo objetivo y algo subjetivo. La obra se valora en tanto que supone un “hito” (algo que rompe con la establecido y supone una aportación) en el desarrollo del Arte. Ése es el fundamento del valor de la primera acuarela abstracta de Kandinsky, de Le Bonheur de vivre de Matisse o de Les demoiselles d’Avignon. Etc. Éste es un criterio fundamentado: puede fundamentarse alegando datos históricos, estadísticos, etc. Aunque esto no libra de la siguiente debilidad: la historia se construye siempre a toro pasado y, como señaló Walter Benjamin, siemrpe a mayor gloria de los vencedores....
· El precio. Si alguien ha pagado mucho por un cuadro, eso es prueba de que lo valora. Éste es un criterio fundamentado que tiene visos de resultar irrefutable.
· Neo-académico: asume la idea romántica de que la “obra de Arte” es la expresión de un ideal y no una realización que se atiene a reglas pre-establecidas, pero no valora las “obras de Arte” por ser obra de cierto autor, sino como realización (más o menos adecuada, esto es lo que se pondera) de una determinada idea del Arte (un determinado ideal del Arte o poética). Es objetivo, y está referido a las obras de arte como objetos, como objetos mediante los que se realiza una cierta idea (poética) del Arte. Aquí la “regla de medir” (la nomotética de) la “obra de Arte” la ofrece la propia poética que la ha generado. En este sentido, Las meninas de Velázquez son mejores (como expresión de la concepción/poética barroca de la Pintura) que la mayor parte de los cuadros de Alonso Cano; y las pinturas más conocidas de Monet son mejores, como Pintura impresionista, que las pinturas mejor conocidas de Sorolla, etc. Éste es un criterio fundamentado: puede fundamentarse alegando argumentos razonados y razonables. Pero ojo, ni que decir hay que para valorar una “obra de Arte” de este modo hay que saber Historia del Arte, la historia de las ideas estéticas y de las ideas del Arte, las poéticas, etc.
Si comparamos las “obras de Arte” siguientes, ¿podríamos valorarlas todos con un único y mismo criterio?












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Una de las ventajas de los textos en formato electrónico respecto de los textos impresos es que pueden corregirse con facilidad mediante la colaboración activa de los lectores que adviertan erratas, errores o simplemente mejores traducciones. Además, estos textos pueden mejorarse merced a las sugerencias aportadas por los lectores. En este sentido agradecería las correcciones y sugerencias que se enviarán a jcabrera@ugr.es también agradecería que si se usa algún pasaje de este texto se citara de dónde procede y se me hiciera saber mediante un email a la dirección de correo electrónico anterior

jueves, 4 de marzo de 2010

PROYECTO_tirando a dar (1/4)

“tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo” (1/4)

Anish Kaapor

Esta es la 1ª de una serie de 4 entradas. Servirá de presentación y también de justificación para las otras tres. Aquí se plantea la conveniencia (y también la exigencia) de trabajar haciendo pre-visiones que normalmente se obvian y son pasadas por alto. Básicamente: la de tener en cuenta necesidad de tener muy claro (1º) qué es lo que vamos a hacer y (2º) a quién está destinado eso que vamos a hacer.

La consigna, ya lo sabemos, es “tirar a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si cae algo”. Pero en este tirar a dar intervienen al menos dos elementos: (1º) la cosa que tiramos (metafóricamente hablando, claro; en nuestro caso: la obra que proyectamos hacer), y (2º) eso que constituye el blanco de la diana al cual tiramos (en nuestro caso: el destinatario de nuestra obra). (En este “tirar a dar”, un tercer elemento sería el “tirador”, o sea: .)
En la 2ª de esta serie de 4 entradas veremos algo que ya hemos comentado en clase: por qué estamos obligados a concebir la práctica artística como realización de un proyecto (proyecto = “poética”).
En la 3ª de esta serie de 4 entradas veremos qué es y cómo se gestiona un proyecto.
En la 4ª y última de esta serie de 4 entradas, veremos cómo se aplica lo anterior a la práctica artística, y cuál es la metología que vamos a seguir en clase para desarrollar nuestros proyectos: el proyecto propuesto como ejemplo que vais a realizar todos vosostros, y el proyecto personal de creación artística que cada uno de vosotros va a diseñar.
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Pensar y actuar de una forma crítica y sistemáticamente fundamentada. Comprender el Arte y las prácticas artísticas del mismo modo. Estos son objetivos básicos para nosotros.
En efecto, nuestra meta es adquirir una formación que nos permita pensar y trabajar de una forma fundamentada: con fundamento. Nosotros no podemos trabajar al tún-tún, dando palos de ciego para ver si nos sale algo, para ver qué sale. Nosotros no podemos, por ejemplo, pintar atolondradamente y como si pintar fuera algo semejante a tirar los dados: cosa de suerte, algo sobre lo que uno apenas ejerce control alguno. Nosotros no podemos trabajar para ver si suena la flauta (y, en el caso de que suene, para ver cómo suena, si suena bien, si nos gusta como suena, etc.). Nosotros, siguiendo con el símil de la flauta, tenemos que saber qué es una flauta, cómo hacer que la flauta suene, y cómo hacer que la flauta suene como nosotros queremos que suene. Insisto, no podemos trabajar al azar. Nuestra formación exige de nosotros que trabajemos seriamente, como profesionales, de un modo fundamentado y, como dice el título de esta entrada, “tirando a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si —por casualidad— cae algo”.
TIRAR A DAR, Y NO A VER QUÉ CAE, Y NO A VER SI CAE ALGO
Al principio del curso os pregunté: “¿a quién le gustaría exponer un cuadro —o hacer una exposición— y que su trabajo pasara inadvertido?”. Como recordareis, a nadie le gustaría que le sucediera esto.
Después os planteé: “Bueno, ¿y qué hacéis para evitarlo?” Estaréis de acuerdo conmigo en que esta pregunta os dejó bastante perplejos, y que la respuesta a esta pregunta fue que nunca os habíais planteado esta cuestión.
A nadie le gustaría exponer un cuadro —o hacer una exposición— y que su trabajo pasara inadvertido, porque lo que nos gusta a todos es que nuestro trabajo se aprecie, sea valorado y se convierta en objeto de reconocimiento.
Trabajamos con la íntima aspiración de conseguir admiración (la nuestra en primer lugar, por supuesto). Pero, solemos centrarnos tanto en hacer cosas que nos gusten (a nosotros mismos), en darnos el gusto de hacer cosas que nos gustan (que nos da gusto hacerlas, que el simple hecho de hacer-las nos proporciona gusto), que nos olvidamos de tener en cuenta que el destino de las “obras de Arte” sólo se consuma cuando son socializadas, es decir, al ser contempladas por otros. Como decía Marcel Duchamp, Ce sont les regardeurs qui font les tableaux: “son los espectadores los que fundan los cuadros [las «obras de Arte»]”.
Sabemos que cualquier cosa puede ser [estar para alguien como] una “obra de Arte, un urinario, etc. Porque, como dijo D. Formaggio, “Arte” è tutto ciò che gli uomini chiamano arte “«Arte» es todo aquello que los hombres [las personas] llaman arte” (Arte, 1973).
Sabemos, en efecto, que cualquier cosa puede ser/estar como una “obra de Arte”, y también qué significa esta afirmación. Pero merece la pena no perder de vista que, además de lo obvio, la afirmación “cualquier cosa pueda ser Arte” también significa lo siguiente:
Que decir de algo que es Arte —que es una “obra de Arte”— es hacer una afirmación irrelevante. Porque, si cualquier cosa puede ser Arte, decir de algo “eso es Arte” es hacer una afirmación tan absolutamente banal como decir de algo que es una cosa: ¡todo es una cosa! Así que, cuando decimos de algo que es Arte —que es una “obra de Arte”—, decimos bien poco, ya que ¡de cualquier cosa puede decirse que es Arte!
En consecuencia, decir de algo que es Arte —que es una “obra de Arte”— es irrelevante.
Lo que resulta relevante no es que de algo (un urinario, una gran forma plateada, un cuadro, etc.) alguien diga que es una “obra de Arte”, ni tampoco que ese “algo” sea [esté para alguien como] una “obra de Arte”. Lo relevante es que algo sea relevante como “obra de Arte”.
La relevancia de cierta “obra de Arte”, que algo consiga relevancia en el “mundo del Arte”, esto es lo que importa. De hecho, de las infinitas “obra de Arte” existentes y por existir, sólo nos importan aquellas que resultan socialmente relevantes: son las únicas que se tienen en cuenta.
Y eso —la relevancia— es lo que buscamos cuando hacemos Arte: no meramente hacer otra “obra de Arte” más, sino hacer algo que pueda llegar a ser relevante como “obra de Arte”, hacer una “obra de Arte” relevante.
Por eso a ninguno de vosotros le gustaría exponer un cuadro y que ese cuadro pasara inadvertido. Si nadie se fija en él, ese cuadro está condenado a resultar irrelevante —está condenado a la inexistencia fáctica en el mundo del Arte. Porque la existencia de las cosas a las que nadie presta atención pasa desapercibida, y las cosas que pasan desapercibidas no son tenidas en cuenta y jamás pueden alcanzar la relevancia.
Decía un filósofo irlandés (George Berkeley, 1685-1753) que esse est percipit («ser es ser percibido»). En el mundo del Arte esta afirmación es radicalmente cierta. [► explorar George Berkeley]
Esto es así, y ninguno de nosotros lo ignora (aunque con frecuencia nos liemos la manta a la cabeza y hagamos como que no somos conscientes de ello). Sabemos que esto es así, pero, ¿hacemos algo para evitar que nuestros cuadros naufraguen en la irrelevancia? Me refiero a algo concreto y eficaz en términos pragmáticos, y no, por supuesto, al hecho simple y puro de que lo deseemos. Porque a la hora de conseguir algo no basta con desear que ocurra.
fotografía de uno de los carteles usados por una empresa de formación en una campaña publicitaria (2008)
Como he dicho antes, cuando nos ponemos a trabajar solemos no tener en cuenta dos cosas muy importantes:
1ª. Que el destino de las “obras de Arte” (es decir, eso que consagra a las “obras de Arte” como tales “obras de Arte”) sólo se consuma cuando las “obras de Arte” son socializadas: asumidas como tales “obras de Arte” por la sociedad. Y
2ª, que, cuanto más relevante (¿valdría decir “reveladora”) se torne una “obra de Arte”, mayor será el grado de socialización que alcance; o viceversa, que cuanto mayor sea el grado de socialización que alcance mayor será su relevancia como “obra de Arte”.
No es éste el lugar para hablar de cómo se accede a la “relevancia”, y menos aún soy yo competente para abordar semejante empresa. Pero a nosotros nos basta con no perder de vista lo siguiente: si queremos que nuestras “obras de Arte”, en vez de pasar inadvertidas, resulten relevantes como “obras de Arte”, entonces no podemos trabajar como la persona que hace terapia ocupacional, y cuyo objetivo es hacer algo que repercuta en su salud (mental o de otro tipo); tampoco podemos actuar como la persona que hace algo para “pasar el rato”, sin más propósito que entretenerse haciendo eso que hace; y parece un poco iluso trabajar pensando que algún día vendrá no sé quién de no sé dónde ni por qué, verá qué hago, se dará cuenta de que mi trabajo es digno de que toda la humanidad le rinda veneración, hará todo lo preciso para que esto suceda (esta persona tiene que poder hacer esto), sacará mi obra de la irrelevancia, y conseguirá que todo el mundo reconozca mi genialidad y se postre beatíficamente ante mi obra.
Si queremos que nuestras “obras de Arte” no pasen inadvertidas, si lo que queremos es que resulten relevantes como “obras de Arte”, entonces no podemos liarnos la manta a la cabeza atolondradamente, tenemos que asumir que conseguirlo no es cosa de suerte, sino de “marketing”.
Acabo de usar la palabra “marketing”, sí; y aclaro de inmediato que me he servido de ella con el propósito de provocar (aunque, como vamos a ver, no sólo por eso). En primer lugar, porque la palabra “marketing” nos hace pensar en técnicas orientadas al logro del éxito mercantil y a la obtención de dividendos monetarios. El Diccionario de la Real Academia dice que la palabra “marketing” es el anglicismo empleado para hablar de “mercadotecnica”, y define la mercadotencia como “Conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda”, y también “Estudio de los procedimientos y recursos tendentes a este fin”.
Cuando está tratándose el venerable asunto del Arte, lo mismo que cuando está tratándose del trascendente asunto de lo sagrado (quiero decir de Dios, del Amor, etc.), hablar de mercado, de dinero o de estrategias comerciales suele resultar “feo”, incomodante y, por eso mismo, impertinente (ver las primeras páginas de: CAREY, J.; ¿Para qué sirve el arte? Traducción al español de What Good Are the Arts? (Londres 2005) realizada por T. Arijón. Debate, Barcelona 2007).
Añadiría una nueva provocación a la provocación anterior si además dijera que el Arte, al fin y al cabo, no es otra cosa que un tipo específico de mercado (¿acaso no hay mercancías de naturaleza simbólica, “capitales simbólicos”, y mercados para la tasación y el intercambio todo esto?). Así que ¿debería decirlo, o debería hacer como suele hacerse: correr un [es]túpido velo sobre este asunto, y mantener nuestro asunto en los etéreos resplandores del limbo artístico?
Con la palabra “marketing” se designa el conjunto de técnicas con las que, valiéndose de estudios de mercado, se intenta lograr el máximo beneficio en la venta de un producto. Éste es el sentido de la palabra marketing en una frase como la siguiente: “mediante el marketing podrán saber a qué tipo de público le interesa su producto”. Aunque esto pueda parecernos algo ajeno a nuestras preocupaciones, conviene reparar en las dos cosas siguientes:
Primera. Cuando se habla de “estudios de mercado” se alude a una estrategia que a nosotros puede resultarnos muy útil no perder vista. La estrategia consiste en, a la hora de producir algo (en nuestro caso, cuadros/“obras de Arte”), tener en cuenta a las personas a las que está destinado eso que hacemos. Porque en ningún caso trabajamos ni para la Humanidad en su conjunto —que es algo abstracto e inconsistente, por eso suele decirse: “para todo el mundo y para nadie”—, ni tampoco como el que arroja al océano un mensaje dentro de una botella preguntándose, como Pink Floyd, Is There Anybody Out There? (“¿Hay alguien ahí fuera?”) [Is There Anybody Out There? The Wall Live 1980-1981 es título de un álbum de Pink Floyd publicado en el año 2000].
carátula del disco de Pink Floyd Is There Anybody Out There? The Wall Live 1980-1981 (2000)
En efecto, a la hora de producir algo que está destinado a “socializarse” (un “mensaje”, un electrodoméstico, pero también cuadros/“obras de Arte”), merece la pena tener en cuenta a las personas a las que está destinado el producto que hacemos, es decir, eso que los expertos en publicidad denominan “target” [►explorar: Target (o Grupo objetivo)]. Porque, cuando tomamos en consideración los deseos y las posibilidades de los destinatarios del producto que queremos producir, tenemos muchas más posibilidades de tener éxito, es decir, hacer algo que suscite interés y que sea bien acogido. Por otra parte, teniendo en cuenta a quién o a quiénes está destinado eso que hacemos, minimizamos el riesgo de actuar como la voz que clama en el desierto, es decir, de que eso que hacemos únicamente sea escuchado por el viento, quiero decir: resulte irrelevante. Esto es algo en lo que hay que pensar.
(Ojo: no se trata —o, al menos, no es eso a lo que yo estoy refiriéndome— de ver qué es lo que quiere tal o cual persona o grupo de personas, y de hacer, después, eso que quieren otros. Se trata de, una vez que hemos decidido qué es lo que queremos hacer nosotros, tener en cuenta cómo conseguimos que nuestro trabajo, en vez de resultar irrelevante, resulte atractivo y de interés para las personas a quienes está destinado nuestro “producto”: el “mundo del Arte”, tal sector específico del “mundo del Arte”, tal institución concreta, etc. Del mismo modo, cuanto más claro tengamos qué es lo que queremos hacer, tano más eficaces resultarán nuestros esfuerzos para conseguirlo, y mayores nuestras posibilidades de hacer algo “bueno” (recordaréis que en clase hemos explicado cuándo y por qué puede decirse de forma fundamentada de una “obra de Arte” que es buena). Cuanto más claro tengamos a quién está destinado nuestro trabajo más fácil será hacer lo que conviene para que nuestro “producto” llegue a dónde queremos situarlo. Una vez más: se trata de tirar a dar, y no a ver qué cae, o a ver si cae algo.)
Segunda. Cuando se habla de “lograr el máximo beneficio en la venta de un producto” puede tenerse en cuenta la siguiente concatenación de perogrulladas: (1ª) para que un producto se venda (y esto resulta imprescindible cuando de lo que se trata es de generar un beneficio máximo), hace falta que este producto sea comprado por cuantas más personas mejor — porque lo que no se compra no se vende; (2ª) para que un producto sea comprado hace falta que la gente lo conozca (nadie siente el deseo de comprar algo cuya existencia desconoce); y (3ª), una vez que mucha gente —o, mejor aún, que la gente a la que está destinada el producto que producimos— lo conoce, este producto será comprando —y por tanto vendido— únicamente por aquellas personas a las que este producto les resulte deseable, tan deseable como para que quieran disponer de él en propiedad y se decidan a adquirirlo.
Esto, hablando en términos de compra-venta pura y dura. Pero la cosa no sólo es así, y lo dicho también vale para el caso siguiente: yo hago cierto producto (una “obra de Arte”, una serie de “obras de Arte”, etc.), pero no con la intención de venderlo, sino con el propósito de darme a conocer, es decir, para alcanzar cierto grado de relevancia, o lo que es lo mismo, para ser tenido en cuenta por cierto grupos de personas; no, claro está, por las personas que viven en mi calle, o mis familiares, etc., sino por ciertas personas del “mundo del Arte”, en concreto, esas que a mí me interesa que me conozcan y me valoren (y que yo debería saber quiénes son). En este caso, “lograr el máximo beneficio en la venta de un producto” pasa a ser “lograr que mi trabajo alcance el máximo de reconocimiento por parte de ciertas personas”.
De nuevo estamos dónde antes: hace falta tener muy claro qué es lo que quiero hacer (mi obra), porque si no, daré palos de ciego, mi obra será confusa, y, al ser confusa, no tendrá fuerza, y se debilitarán mis posibilidades de no resultar irrelevante y de llamar la atención y captar el interés de las personas que constituyen el “target” de mi trabajo. Y hace falta tener muy claro a quiénes está destinada mi obra.
Una vez más: no es éste el lugar para hablar de cómo se accede a la “relevancia”, y menos aún soy yo competente para abordar semejante empresa. En cualquier caso, es obvio que tener en cuenta lo anterior es mejor que ignorarlo.
Hemos sido educados en el prejuicio que asegura que el artista trabaja impremeditadamente. No hace cálculos ni previsiones. Le basta con que le venga la inspiración... ¡Para eso es un genio! (¿acaso se puede ser un artista sin ser al mismo tiempo un genio? La gente dirá que no, que el artista que no es un genio no es un artista, sino un artesano.) Pero uno de los “genios” más importantes de toda la historia del Arte, Pablo Ruiz Picasso, afirmaba que él no creía en la inspiración, explicaba que una “obra de Arte” es el resultado de un 99% de transpiración y un 1% de inspiración, y añadía que, en cualquier caso, si te viene la inspiración, lo mejor es que te pille trabajando. El rollo del artista genial e inspirado queda bien en las películas, como casi todos los estereotipos, pero no es más que eso: un “tópico”, es decir, un motivo retórico o literario, un pseudo-medicamento de uso externo y local. (Soy consciente de que todos hemos venido a esta Facultad de la mano de tópicos como éste.)
Hemos sido educados para pensar que hacer Arte es hacer eso que uno quiere hacer porque querer hacerlo es algo que le sale de dentro; básicamente: que hacer Arte es expresar-SE: decir uno qué piensa de esto o de aquello, cómo ve eso o lo otro, qué siente frente a tal o cual cosa y, en última instancia, hablar uno de sí mismo.
Bueno, parece que el derecho consuetudinario y la propia Constitución española avalan nuestro derecho a decir lo que nos da la gana — eso que sentimos que tenemos ganas de decir. La cuestión es: eso que decimos (expresamos a través del Arte), ¿es algo que merezca la pena oír? ¿A quién —aparte de a nuestra madre y a las personas que más nos quieren— le importa qué pensamos nosotros de esto o lo otro, qué sentimos, cómo nos sentimos, etc.? ¿Nos importa a nosotros, acaso, qué piensa o qué siente o cómo se siente alguien que nos resulta irrelevante? Para que la gente se interese por lo que hacemos, y le preste atención y lo valore, en vez de ignorarlo condenándolo a la irrelevancia, ¿basta con que expresemos lo que pensamos, lo que sentimos, etc.?
Sí, el consolador ideal romántico del Arte ha inducido a más de uno a naufragar en un narcisismo infantiloide y autista. Por eso, y refiriéndose a la formación que se impartía en los centros estadounidenses destinados a preparar artistas, Robert Hughes (ya sabéis, el autor de El impacto de lo nuevo) afirmó de una forma bastante agria que “gracias a la aburrida obsesión americana por los terapeutas, sus clases de arte durante las décadas de los sesenta y setenta tendieron a convertirse en parvularios, cuyo objetivo no era tanto transmitir las difíciles habilidades de la pintura y la escultura, sino la de producir personalidades «realizadas». En esto nadie podía fallar.” (Hughes, R.; A toda crítica. Ensayos sobre arte y artistas. Traducción al español de Nothing If Not Critical (New York, 19490) realizada por A. Coscarelli. Anagrama, Barcelona 1992; pág. 21). Lo que afirma Hughes que sucedía en Estados Unidos, y en las décadas de los sesenta y setenta, ¿sólo ocurría en Estados Unidos?, ¿ya no ocurre?
Insisto en lo que dije al principio. Nosotros disponemos de una formación que nos exige pensar y trabajar de una forma fundamentada. Nosotros no podemos trabajar al tún-tún, dando palos de ciego a ver qué sale. Nosotros no podemos, por ejemplo, pintar atolondradamente y como si pintar fuera algo semejante a tirar los dados: cosa de suerte, algo sobre lo que uno apenas ejerce control alguno. Nosotros no podemos trabajar para ver si suena la flauta (y, en el caso de que suene, para ver cómo suena, si suena bien, si nos gusta como suena, etc.). Nosotros, siguiendo con el símil de la flauta, tenemos que saber qué es una flauta, cómo hacer que la flauta suene, y cómo hacer que la flauta suene como nosotros queremos que suene. Insisto, no podemos trabajar al azar. Nuestra formación exige de nosotros que trabajemos seriamente, como profesionales, de un modo fundamentado y, como dice el título de esta entrada, “tirando a dar, y no a ver qué cae, y no a ver si —por casualidad— cae algo”.
Respecto de la identificación del Arte con un Mercado. ¿Conocéis la siguiente obra de Joseph Beuys? [ojo: KUNST significa ARTE, y KAPITAL ya lo sabéis)


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